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Archivo de febrero de 2005

7 de febrero de 2005

 [Libro] Nadie vale más que otro (2005-04)


Nadie vale más que otro. Cuatro asuntos de Bevilacqua
Lorenzo Silva
Editorial Destino
212 páginas

Sí, qué pasa. Leo varios libros a la vez y de cuando en cuando termino más de uno en el mismo día. Si además tengo gripe y leo ocho horas seguidas es normal, ¿no?
ME ENCANTA cómo escribe Lorenzo Silva [LS]. Bueno, me encanta a medias. LS escribe sobre Bevilacqua y sobre Marruecos. Y los libros de Marruecos me aburren. Pero la saga de Bevilacqua y Chamorro es la mejor serie policíaca de todos los tiempos (siempre según mi humilde opinión).
De nuevo, tenemos a un detective. Sólo que esta vez es un sargento de la Guardia Civil, Rubén Bevilacqua, y la cabo Virginia Chamorro, que quiso entrar en la Escala Superior de la Guardia Civil pero suspendió la oposición, por lo que decidió ingresar, aunque fuera de número. Porque ella quería ser guardia civil. Este libro es el “cuarto” de la serie. Los primeros son El lejano país de los estanques, El alquimista impaciente y La niebla y la doncella. Son las mejores novelas policíacas. LS escribe como quiere. Su estilo es ágil, rápido y a la vez sobrio, no como Reverte, que también escribe como quiere pero suele adornar más. Bevilacqua era un psicólogo en paro que opositó a la Guardia Civil y entró como sargento. El personaje es un tipo estupendo. Y la Chamorro es directamente mi tipo.
Como el propio autor aclara en el prólogo, ésta no es la cuarta entrega de la serie. La cuarta entrega está en proceso de preparación. Este libro es un interludio formado por cuatro relatos cortos que suceden todos en verano, desde 2001 a 2004. Son casos normalitos, que se resuelven rápido, pero en los que queda uno enganchado desde la primera línea. Nadie mejor que el autor para hacernos la introducción a la novela (prólogo extraído de la página del autor):

Hace ahora diez años, allá por el verano de 1994, entraron en mi vida Chamorro y Bevilacqua, la pareja de guardias civiles protagonistas de una novela que por entonces andaba maquinando, El lejano país de los estanques, y que escribiría finalmente a fines del verano del año siguiente. Esa novela, tras pasar el trámite ya casi proverbial de ser rechazada por algunas editoriales, la publicó en 1998 Ediciones Destino, y fue distinguida con el Premio Ojo Crítico de ese mismo año y la simpatía de la crítica y no pocos lectores. En el año 2000, una segunda novela con estos personajes, El alquimista impaciente, recibía el Premio Nadal y por ese camino acercaba a la pareja de picoletos a un público mucho mayor. Unos personajes surgidos casi por casualidad, en una especie de apuesta conmigo mismo por crear unos investigadores criminales genuinamente españoles, que indagaran casos acordes con la realidad actual del país en el que vivo, adquirieron así una importancia insospechada. Con ese estímulo, y el de mi propia complicidad con ellos, me sentí impelido a perpetrar una tercera novela, La niebla y la doncella, que ratificó el tirón de las anteriores y casi me convirtió en rehén del sargento y su ayudante. Desde que se publicó esta última entrega, el otoño de 2002, la pregunta que más me toca escuchar es cuándo saldrá la cuarta de la serie.
Lo primero que debo decir de este libro es que no es la cuarta novela de Chamorro y Bevilacqua, aunque en el momento en que redacto estas líneas estoy en ella y espero que acabe existiendo. Lo que aquí recojo son cuatro relatos de la pareja que en diferentes momentos, intercalados entre las novelas, fui escribiendo por motivos dispares, y que nunca antes habían visto la luz en un libro. La idea de reunirlos aquí, como ha sucedido en alguna otra ocasión, se la debo a los lectores, en concreto a los que, habiendo conocido alguno de estos relatos a través de la página de internet http://www.lorenzo-silva.com/, se mostraron interesados en disponer de ellos en el soporte tradicional. Apenas junté material suficiente para justificar un libro, me pareció que debía hacerles caso. El resultado es el presente volumen. El título, Nadie vale más que otro, está tomado del primero de los relatos, y es una afirmación que me parece representativa del talante y la filosofía vital del sargento. Los cuatro relatos, aun escritos en momentos diversos, entre 2001 y 2004 (uno en cada año de los que abarca ese periodo), tienen un doble hilo común: son todos ellos historias estivales, y los casos de que se trata no son esos crímenes recalcitrantes y a veces algo retorcidos que se suelen ingeniar para las novelas, sino homicidios cotidianos, hasta vulgares, de los muchos que los investigadores resuelven con relativa rapidez. Hay quien cree que sólo puede hacerse literatura desde la fantasía y la evasión de la realidad, ya sea reinventando el pasado a conveniencia u otorgándole al presente una faz anómala y forzadamente misteriosa. Pero Bevilacqua y quien le escribe creemos que el misterio que verdaderamente nos concierne es el de las cosas cotidianas, incluso el de las gentes y los asuntos vulgares y rutinarios, que sólo lo son, en el fondo, cuando vulgar y rutinario es el ojo que los mira.
Espero que el lector, y en especial el que ya lo es de antiguo, encuentre en estas páginas aquello que después de mucho pensarlo he llegado a creer que constituye el discreto encanto de este paradójico sargento (y ex psicólogo en paro) y de su concienzuda y ya insustituible ayudante: en cada cosa que hacen se les puede reconocer como gente cercana, como dos pringados que salen adelante como pueden, que aciertan tanto como se equivocan, y que son quienes son más allá de lo que les toca resolver y de los prejuicios que frente a su oficio puedan existir. En suma, y si se me permite la expresión, dos de nosotros.

Sirva este libro (que sólo podía publicar Destino, la casa que confió en ellos cuando otros no lo hacían) para celebrar esos diez años y para agradecer la generosidad de tantos lectores.

Mi calificación para esta novela, y para las tres anteriores de la serie, es de imprescindible.

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 [Libro] El hombre sonriente (2005-03)


El hombre sonriente
Henning Mankell
Editorial Tusquets
399 páginas

Henning Mankell es un escritor sueco que ha escrito muchas cosas, pero al que se conoce principalmente por la saga policíaca de Kurt Wallander. Éste en concreto es el cuarto título de la serie. Los tres primeros son Asesinos sin rostro, Los perros de Riga y La leona blanca (creo que hay edición de bolsillo de todos ellos).

Kurt Wallander es un poli municipal, para que nos entendamos. Es el segundo de a bordo de la comisaría de Ystad, en Escania (la zona sur de Suecia). A juzgar por lo que se saca de Google, es un pueblo de pocos miles de habitantes (en una de las novelas se habla de que Ystad sólo tiene cuatro cajeros automáticos). Y al pobre Kurt le pasa de todo. En esta cuarta novela, un abogado aparece muerto en lo que parece un accidente de tráfico. Wallander se está planteando en esos momentos dejar la carrera policial, a causa de lo que ocurrió en la tercera novela (ah, misterio), pero su amistad con el hijo del abogado muerto le pondrá difícil olvidarse del asunto.

La novela está bien escrita. No es trepidante todo el rato, ni mucho menos (los suecos, esos sosos…) pero mantiene el interés. El mío, por lo menos. Los personajes están medianamente construidos y, eso sí, las investigaciones están soberbiamente descritas. El autor no engaña al lector revelándole al final un dato crucial de la investigación que sólo el protagonista sabía, al contrario que la tramposa de Agatha Christie. Sí, tramposa.

La novela está bien. Consigue entretener y hace que Wallander nos caiga bien. Es un torpón, pero un policía eficaz (como dice una amiga de mí, que soy muy listo para el polinomio pero muy tonto para los recados). Mi valoración no numérica es más que aceptable. Ya estoy leyendo el quinto tomo de la serie.

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 Chiste matemático

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Como todo profesor de matemáticas puede atestiguar, los alumnos son a veces un poco parcos en la explicación de sus razonamientos matemáticos. Este chiste lo condensa de manera magistral. En este enlace puede verse una amplia colección de chistes científicos del autor, S. Harris. La colección merece la pena (en inglés).

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 Diccionario Argentino-Español

Otro post CPI. Hoy estoy en racha. Este diccionario es divertidísimo. Entresaco algunas definiciones especialmente interesantes y/o graciosas:

avisos fúnebres. Esquelas. Sección del diario en que finalmente se hablará de nosotros, pero cuando ya sea demasiado tarde.

birome. Boli. En 1943 Laszlo Biro descubrió en Buenos Aires que si se llenaba un canuto con tinta y se le incrustaba una bolilla en la punta se obtenía un elemento de escritura. En Argentina se lo llamó birome en homenaje al inventor. En España se lo bautizó boli en homenaje a la bolilla. Laszlo había nacido en Hungría, pero como patentó la birome en Buenos Aires lo consideramos un invento argentino. Si hubiera sido un inventor argentino trabajando en Budapest, también nos lo habríamos adjudicado.

boca de urna. Pie de urna. Es que los encuestadores argentinos son un poco más impacientes.

boludo. Gilipollas. Usado como vocativo, a veces tiene una paradójica connotación cariñosa o de camaradería: “Haceme caso, boludo”. (Ésta es una de las tres o cuatro palabras argentinas más conocidas por los españoles. Sin embargo, los peninsulares no deberían usarla. No hay nada más ridículo que la palabra boludo pronunciada con acento español.)

bonaerense. Oriundo de la provincia de Buenos Aires, no de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que funciona como capital de la Argentina. La provincia empieza donde termina la ciudad. Jamás confundir con un porteño.

buzo. Sudadera. Prenda deportiva gruesa. En Madrid, una vez pedí en una tienda un “buzo para arquero de hándbol”. Después de 45 minutos de idas y venidas lingüísticas, con la vendedora llegamos a la conclusión de que se trataba de una “sudadera para portero de balonmano”. Eso fue lo que me decidió a compilar este Diccionario.

coger. Follar. Éste es un verbo tabú. Aunque usted tenga un acento madrileño que mata, su interlocutor argentino igual se va a sentir incómodo si lo usa. Sobre todo no diga cosas como: “Vino ese chico para el puesto de dependiente y lo cogí inmediatamente…”. Opciones sugeridas: tomar, agarrar.

forro. Goma. Preservativo. Palabra muy vulgar. Como en el chiste: [En una farmacia] “Déme un forro.” “¡Señor! ¡Cuide su lengua!” “Déme dos”.

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 Los premios Stella

Actualización: Gracias a Javi por la noticia y por el correo trucho que me mandó.
Nueva remesa de premios extraños. Junto a los premios Darwin y a los Ig®Nobel, forman el “tripartito” de mis premios favoritos.
Los premios Stella se entregan a las demandas judiciales más ridículas del año presentadas en los tribunales de EE.UU. (¿dónde si no?). El nombre de los premios viene de Stella Liebeck, que en 1992 se derramó una taza de café de un McDonald’s en el regazo, provocándose graves quemaduras. McDonald’s fue obligada a pagar 2,9 megapavos (millones de dólares) a la señora. El argumento de la demanda era que McDonald’s no avisaba de que el café estaba muy caliente. A primera vista puede parecer que los gringos se han vuelto locos, pero el caso en sí tenía algún (exiguo, limitado, ínfimo) fundamento: McDonald’s utilizaba entonces un café barato y malo (¿alguien sorprendido?). Para hacer café necesitaban que el agua estuviera a 95ºC, en contraposición a los 50-60º habituales. Si uno se derrama un café de una cafetera, se quemará, por supuesto, pero menos que si se le cae un vaso de agua hirviendo. Esto es lo que McDonald’s no avisaba, que su café está MUCHO más caliente que el resto de cafés.
Es probable que mis lectores hayan recibido un correo (falso) sobre los premios Stella en alguna ocasión: los premios que se citan en ese correo son los siguientes:

7ª Posición (Ex aequo): Kathleen Robertson de Austin (Tejas) fue indemnizada con 780.000$ por un jurado tras romperse un tobillo después de tropezar y caerse por culpa de un niño que estaba corriendo en una tienda de cocinas. Los dueños de la tienda se sorprendieron al ser obligados a pagar dicha cantidad, mas aún al saber que el niño que tan mal se había comportado era el hijo de la señora Robertson.

6ª Posición (Ex aequo): Carl Truman, de Los Ángeles y de 19 años, ganó 74.000$ y los gastos médicos cuando su vecino pasó por encima de su mano con el coche, un Honda Accord. Carl Truman aparentemente no se dió cuenta de que había alguien al volante del coche cuando se puso a robarle los tapacubos (que sí, que sí, que así son los Yankies).

5ª Posición (Ex aequo): Terrence Dickson, de Bristol, Pennsylvania, estaba abandonando una casa justo después de acabar de robarla, y decidió salir por el garaje. No fue capaz de salir por la puerta del garaje porque estaba rota, y al intentar volver a la casa se dió cuenta de que la puerta que conectaba ambas estancias era de un único sentido y no podía salir o volver a la casa. La familia estaba de vacaciones, y el señor Dickson se encontró encerrado en el garaje durante 8 días. Para sobrevivir, lo hizo a base de Pepsi y un enorme saco de comida para perros que encontró. Denunció al dueño de la casa por los daños morales sufridos por aquel incidente, y el jurado accedió a situar la indemnización del propietario al ladrón en medio millón de dolares.

4ª Posición: Kara Walton de Claymont, Delawere, denunció con éxito al propietario de un pub nocturno de la ciudad cuando ella se cayó desde la ventana del baño al suelo y se rompió los dientes contra el suelo. Esto ocurrió mientras la señorita Walton intentaba colarse por la ventana del baño de mujeres para no pagar la cuenta de 3,50 dólares. El propietario tuvo que pagarle 12,000$ y gastos dentales.

3ª Posición: Un restaurante de Philadelphia tuvo que pagar a Amber Carson de Lancaster, Pennsylvania, 113,500$ después de que resbalara con un refresco y se rompiera el coxis. Dicho líquido estaba en el suelo porque ella se lo había lanzado a su novio media hora antes durante una pelea.

2ª Posición: Jerry Williams, de Little Rock, en Arkansas, tuvo que percibir 14,500$ más los gastos médicos despues de ser mordido en el culo por el perro de su vecino. El perro estaba en una jaula dentro del jardín de su propietario encerrado. La indemnización fue menor al percibir el jurado una cierta provocación en el hecho de que el señor Williams estuviera disparándole al perro desde arriba de la jaula con una pistola de bolas.

Y EL MEJOR DE TODOS ES: Mr. Merv Grazinski, de Oklahoma City, en Noviembre de 2000 se compró una caravana marca Winnebago de las grandes (de las que son a la vez coche y caravana). En su primer viaje, estando en una autovía seleccionó una velocidad de crucero a 70 millas por hora (unos 120km/h) y se fue a la parte de atrás a prepararse un café. No sorprende el hecho de que el camión/caravana se saliera de la carretera y colisionara. Mr.Grazinski contrariado denunció a Winnebago por no advertirle en el manual de uso de que actualmente él no podía hacer eso. Por ello, fue recompensado con 1,750,000$ más una nueva caravana.

Actualmente, Winnebago advierte de tal circunstancia en sus manuales, en el caso de que algún otro imbécil compre uno de sus vehículos. Después de esto, ¿a quién le sorprende que en el cuestionario que te dan en el avión cuando vas a los Estates te pregunten si vas a cometer un delito, o un acto terrorista?

Pues bien. Todas las anteriores son falsas, como puede comprobarse en esta página. Sin embargo, sí son ciertos (al menos parecen debidamente verificados) los premios Stella 2004 (sorry, en inglés).

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