Empecemos por el principio: Paracelso dijo “Alle Ding' sind Gift, und nichts ohn' Gift; allein die Dosis macht, dass ein Ding kein Gift ist “, que viene a ser algo así como Todo es Veneno y Nada es Veneno, sólo la dosis permite a algo no ser venenoso.
El Bisfenol A es una sustancia con infinidad de aplicaciones. Dos de la más importantes son como monómero del Policarbonato y como monómero de resinas epoxi. El Policarbonato es uno de los principales plásticos. Sus aplicaciones van desde fabricar CDs, DVDs, chasis de coches, componentes de ordenadores, y aplicaciones alimentarias como en algunas botellas de plástico, biberones... Las resinas epoxi otras muchas utilidades, como por ejemplo, los empastes o los recubrimientos de las latas (de hecho, esto permite la completa estanqueidad de los envases, a saber cuántas vidas habrá salvado).
WARNING: lo que va ahora es una generalización y simplificación a lo bestia.
Permitidme una pregunta: ¿cómo se estudia la peligrosidad de una sustancia química?. Lo ideal es estudiarlo en poblaciones humanas reales. Pero esto no es posible, porque tiene fuertes consideraciones éticas. Otra opción es el enfoque epidemiológico, se buscan relaciones entre la exposición y los efectos. Sin embargo, y a pesar de las toneladas de Junk Science que generan, el uso de la epidemiología está más que discutido, dado que la variabilidad dentro de las poblaciones es bastante alta, y eso sin tener en cuenta que al no haber condiciones controladas, cualquier factor ambiental puede ser más influyente que la misma sustancia problema. Por último, sólo los tontos confunden correlación con regresión, y esto se trata de, precisamente, establecer una relación causa-efecto. Los estudios epidemiológicos solo tienen cierta utilidad en determinados estudios laborales y en casos muy concretos (como los asbestos).
El plan B es usar animales en laboratorio, lo cual tiene sus ventajas: condiciones completamente controladas. Una especie bien escogida permite deshacerse de cosas como la variabilidad inter-población (todas las cobayas son primas hermanas). Sin embargo tiene algunos inconvenientes que hay que tener muy presentes: si quieres ver los efectos sobre la salud, tienes que coger modelos (i.e bichos) que sean lo suficientemente similares a los seres humanos en el sistema a estudiar: no sirve usar un sapo para ver toxicidades cutáneas, porque la permeabilidad de la piel es completamente distinta. Aún así, dista bastante de ser realista, porque evidentemente una rata wistar no es un ser humano, y mucho menos cualquier humano.
Lo que se saca de estos ensayos es una medida llamada “LD50”. La LD50, o “dosis letal” 50, es la dosis (g/kg bicho) a la que la mitad de la población muere. Hay otras medidas parecidas, como LD0, ED50, EC50... aunque el fundamento es el mismo. Además, una LD50 de rata nunca será la de un humano (y esto lo voy a repetir hasta la saciedad).
Como es complicado deducir los valores límites seguros, se usa una metodología que peca en exceso: es preferible que el nivel sea mucho menor que el real que equivocarse. Es decir, el uso tiene que ser seguro, da igual cual sea el valor real. Para ello se usan los LD que he mencionado en el párrafo anterior y se derivan parámetros más severos: son los DNEL, DMAL, OELs, o SML entre otros.
Por otra parte, tenemos la exposición, bien directo o bien usando modelos (por ejemplo, el ConsExpo es muy apañado y “de gratis”). Un modelo da una exposición y a partir de esta se divide con el DNEL (o análogo) para dar una caracterización de riesgo.
Como en la buena ciencia, los ensayos tienen que ser reproducibles, si bien los bichos no se mueren exactamente igual de una a otra, por lo menos se tienen que morir de forma parecida, por lo que se usan unos estándares de métodos, con unos sistemas de acreditación muy severos. Es la única manera de poder estar seguros de que los valores sean comparables o análogos.
Y aquí empiezan a torcerse las cosas, primero, porque pueden llegar a ser estudios muy pero que muy caros, porque intervienen miriadas de bichos y siglos de investigación (bueno, en realidad, un 3 generaciones creo recordar que eran unos 1500 bichos muertos en 2 años de trabajo, y cuesta más que un apartamento en Torrelodones..). Y que se haga eso una vez, vale, pero estamos hablando de alrededor de 200 mil sustancias químicas en el mercado. Hoy en día, los propietarios de esos datos son precisamente las grandes corporaciones.
Lo segundo, esta aparente rigidez no le sienta bien a determinados científicos, que excusan su Junk Science en la ciencia antisistema. (El actual sistema de estándares no es tan rígido, puedes desarrollar nuevos métodos aunque éstos tienen que pasar por rigurosos controles para ver su validez). Actualmente hay una corriente que propone que se flexibilicen estos controles de calidad, pero por supuesto no es el típico histérico que vocifera en cualquier medio.
Un tercer problema, es que como todo se trata de pruebas indirectas, los resultados no siempre son bien interpretados. Como ejemplo, las supuestas pruebas sobre la carcinogenicidad sobre la sacarina (creo que ya lo he contado, si no pedidlo). La mitad de los estudios que he visto sobre el BPA han sido de detectarlo en algún tejido o en algún sector de la población, aunque con las modernas técnicas analíticas, y con un plástico tan ubicuo, lo raro sería no encontrarlo (algún día os contaré lo de las 0,3 ppt de Plomo).
A pesar de todo esto, es el mejor sistema que tenemos. Como curiosidad, como ahora el uso de vertebrados en laboratorio también está mal visto, se están desarrollando métodos alternativos, como el uso de las Omicas o los (Q)SAR (Quantitative Structure-Activity Relationship). Un QSAR gratis y sencillito es el EPI suite (aunque este es ecotoxicológico).
Teniendo en mente todo esto, volvamos al BPA. El Bisfenol A está considerado un Disruptor Endocrino, esto es una sustancia química que en el organismo afecta al sistema endocrino. En este caso es un mimético del Estrógeno, se unen a los receptores provocando la misma respuesta que el estrógeno (o eso querría recordar). De hecho, me suena haber visto por algún sitio que el BPA fue inicialmente usado para la píldora allá por los años 30 hasta que fue sustituido por el Estradiol (no he sido capaz de encontrar la referencia).
Claro que todo el mundo sabe que es un disruptor endocrino, pero como he dicho al principio, el BPA se usa como monómero, y el monómero polimerizado nunca migra al alimento (bajo condiciones normales de uso). Lo que migra es el monómero que ha quedado libre, y queda muy poquito. Las dosis son muy bajas y son bastante menores que los valores límite de migración, que ya de por sí son más bajos que los DNEL (Derived Non Effect Level) que a su vez es menor que sería el hipotético valor seguro “humano”. Creo recordar que hacía falta beber unos 500 litros de agua al día durante varias semanas para llegar a ese valor de migración. Como esto es de perogrullo y hay intereses comerciales por detrás, el frente ha cambiado.
Hay estudios, hechos con ratas, que hablan de relaciones a bajas dosis. Esto se basa, en que para determinados “end-points”, la relación dosis-efecto ocurre con bajas concentraciones. Ésto es un auténtico quebradero de cabeza, porque a bajas concentraciones, el efecto deseado puede confundirse con la propia actividad normal. De estos estudios hay algunos que no están hechos conforme a las normas internacionales y no han podido ser reproducidos. Por otra parte, también se han publicado estudios basados en epidemiología (de los que ya hemos hablado) que “demuestran” cambios en el comportamiento en niñas por la exposición (usando unos test psicológicos, y aunque no he podido leer el artículo en sí, creo que no tuvieron en cuenta otros factores sociales que bien podrían influir en el comportamiento de la niña), o que la causa de los recuentos bajos de espermatozoides (y que, por supuesto, no tuvo en cuenta el aumento de temperatura en la bolsa escrotal a causa del mayor uso de slips, para qué, para que nos estropeen los resultados...)
El caso es que si disruptores endocrinos son tan malos a bajas dosis, ¿qué pasa con los fitoestrógenos, que tienen tantas bondades?
El caso es que las Agencias de Seguridad Alimentaria, (
recientemente lo ha hecho la Europea) sin encontrar evidencias de que sea tan malo. Es más, el BPA se ha usado bastante durante las últimas décadas, y muchos de nosotros hemos sido expuestos, y no ha pasado absolutamente nada (lo que se llama “weight of evidence”). Además, los beneficios de esta sustancia son tremendos. Hoy en día no se ha encontrado ningún sustituto para los recubrimientos de latas.
Por cierto, sin mirar la wikipedia, ¿alguien sabe de dónde sale la A de Bisfenol A?
Otra cosa, a las psicólogas del foro, ¿no hay por ahí un trastorno de miedo irracional a las sustancias químicas? Es que siempre he tenido esa curiosidad...
Bueno, ¿suficiente ladrillo?