Bueno, lo pongo aquí, y si eso que lo separen luego.
En primer lugar, hay que distinguir lo que realmente vemos de la interpretación que hacemos de ello.
¿Qué ven nuestros ojos? Una serie de manchas en negativo de la imagen en la que hemos fijado la vista (el proceso por el que se produce ese fenómeno que lo explique ocularis, aunque creo que ya se ha comentado antes). ¿Qué interpreta nuestro cerebro? Una figura identificable a la que le podemos poner un nombre concreto.
Porque, objetivamente, lo que estamos viendo no son más que manchas, pero resulta que nuestro cerebro cataloga lo que percibe en categorías y esquemas ya existentes, creadas a partir de nuestra experiencia. Automáticamente, la mente busca un referente y crea una imagen reconocible a partir de estímulos fragmentados. Y los humanos estamos "preparados" para reconocer caras, tanto, que las vemos por todas partes. Una mancha en una pared, una nube, una piedra... fácilmente vemos caras en todas esas cosas. Yo tuve un muñeco de Flubber que en esencia era un saco verde de tela de peluche en forma de pera con una línea curva bordada en negro en la parte superior. Y yo no sólo veía un muñeco sonriente, es que hasta os juraría que tenía personalidad.
A partir de eso, una vez vemos una cara, la encajamos en nuestras categorías. Vemos que las manchas parecen formar un pelo largo, y una barba, así que le adjudicamos género masculino. Y como las categorías se fundamentan en nuestra experiencia, en lo que hemos visto y oído a lo largo de nuestra vida, al pensar en un hombre con barba y pelo largo, nos viene a la cabeza la imagen del hombre de pelo largo y barba que más veces hemos visto en el cine, la televisión, los libros... y le ponemos un nombre.
Indudablemente, esa imagen la tenemos tan fresca en la cabeza y tan íntimamente relacionada con un personaje específico debido a nuestra cultura. No sé a un indonesio, pero seguro que hay muchísima gente en el mundo que verían una cara (aunque alguno habrá que en lugar de ver una cara vea otra cosa, seguro, hay gente pa' tó), y podrían clasificarlo como hombre (excepto en alguna tribu perdida en la que los hombres sean todos barbilampiños y nunca hayan visto una barba, que a saber qué verían), pero, o bien no lo identificarían con ningún personaje concreto, o lo harían con uno que en su cultura o su experiencia tenga esos dos mismos rasgos característicos (pelo largo y barba... pues mira que no hay... ¡anda, pero si es Trablete!).
En resumen... que a la hora de percibir no importa tanto lo que vemos como lo que creamos a partir de ello.