Buscar

CPI (Curioso pero inútil)

¡Hemos bailado con Matt Harding!

  • Busca en CPI

  • Teorema gráfico

  • Cortesía de AoPS

  • Aviso por e-mail

  • Escribe tu e-mail:

    Funciona con FeedBurner

Archivo para la categoría de Leyendas urbanas

Desmitificación de creencias enquistadas en el saber popular. Que no, que no por oírlo mil veces nos vamos a convencer sin pruebas de que es cierto…

24 de septiembre de 2007

 Consultorio CPI: Astronautas a la intemperie

Dani nos pregunta:

Hola, me gusta mucho vuestro blog, con vuestro permiso lo he enlazado al mío, quería preguntar sobre las consecuencias sobre las personas del vacío, nuestra fuente de información sobre este tema son las pinículas sci-fi, pero claro, cada una da una versión distinta del tema. Por ejemplo en Atmósfera Cero a la gente le explota la cabeza, ¿por qué? ¿no deberían explotarles los pulmones?, en Desafío Total también les sucede algo extraño en la cabeza aunque no recuerdo si les llega a estallar o no y se les salen los ojos, finalmente en Horizonte Final uno de los astronautas también sale al espacio y sufre secuelas menos aparatosas aunque bastante graves, esta ultima casi parece la mas realista, pero no estoy seguro.

Creo que adquirir este conocimiento cumple perfectamente con el titulo de vuestra página, aunque quien sabe, quizás consiga terminar el rayo de vacío que estoy construyendo :D .

Saludos

En efecto, Dani, no es recomendable en absoluto salir en pelotas al Espacio (a no ser que se haga para tirarse un pedo y darnos un artículo :) )

Añadiendo a tu lista de películas, en una de James Bond meten a un tipo en una cámara de vacío y hacen bajar la presión hasta que el pobre estalla. En el otro lado del marcador de errores, Isaac Asimov, el gran Isaac Asimov, contaba en una de sus novelas de Lucky Starr, el Ranger del Espacio (gran serie de novelas) cómo era posible quitarse el casco de astronauta en Marte, durante unos segundos. Creo que una vez más gana Asimov.

Los peligros en el Espacio no son demasiados, pero son suficientes para no intentarlo en casa :) :

A)La exposición a la radiación. Si el astronauta sale y le está dando el sol de lleno, recibirá una buena dosis de rayos ultravioleta, X y gamma, a cual más dañino. En unos pocos segundos es difícil que sufra daños permanentes, sin embargo. La radiación es uno de los problemas gordos para las misiones tripuladas a Marte, en las que como mínimo los astronautas estarán un par de años sufriendo protonazos solares.

B) El frío. El Espacio está frío, y mucho. Si consiguiéramos estar perfectamente aislados del Sol y otras estrellas, la temperatura estará muy cerca de los 3 Kelvin, es decir, unos 270 grados centígrados bajo cero. Eso es mucho frío. Sin embargo, para un astronauta no significa la congelación inmediata, porque lo que te mata por congelación no es el frío que hace fuera sino el calor que tú pierdes. Y en el Espacio sólo hay una manera de perder calor: por radiación. Todo cuerpo a una temperatura por encima del cero absoluto emite fotones. Los fotones los asociamos a la luz, pero si un fotón tiene menos energía dejaremos de verlo. Los fotones que emitimos por radiación están en la banda del infrarrojo. El caso es que en la Tierra, si sales desnudo a la calle en un día invernal estarás perdiendo calor de tres formas distintas: por radiación, por conducción (el aire frío te quita calor “por contacto) (véase comentario de Omalaled) y por convección (el aire que calientas se va hacia arriba y llega aire frío a sustituirlo, que te enfría más). En el Espacio sólo uno de esos mecanismos está en funcionamiento. Además, el vacío es un gran aislante térmico, como bien saben los fabricantes de termos y de ventanas dobles con rotura del puente térmico. Es obvio que tarde o temprano (más tarde que temprano) la temperatura del astronauta bajará por debajo del umbral de la vida, pero antes de que eso ocurra se habrá muerto de otras cosas.

C) La ausencia de presión. Aquí llega lo duro. Si nos bajan la presión a cero, moriremos rápidamente. Rápidamente son un par de minutos, y la causa de la muerte será, sorprendentemente, la asfixia. Al bajar la presión a cero pasan varias cosas:

1.- El aire que tengamos en los pulmones saldrá disparado por nuestra boca. Si cometemos el error de contener la respiración nos causaremos daños en los delicadísimos tejidos pulmonares. Aunque no lleguen a explotar, los pulmones sufrirán desgarros. Todo buceador sabe que no debe contener la respiración mientras sube hacia la superficie. Pues esto es lo mismo, pero menos grave. La sobrepresión del aire en nuestros pulmones comparada con la del vacío (que es de una atmósfera) es la misma que la que tiene un buceador a diez metros de profundidad comparado con la superficie. Un buceador que ascienda desde doce metros (nada poco habitual, creo yo) conteniendo la respiración sufrirá más daños pulmonares que un astronauta lanzado al Espacio, si ninguno de los dos expulsa el aire de sus pulmones. No prueben ninguna de las dos, estimados lectores.

2.- La sangre NO hierve. Sí, todo líquido lanzado al Espacio hierve, pero la sangre está metida dentro de las arterias y venas y a una presión que oscila entre los 75 y los 120 mmHg (milímetros de mercurio: una atmósfera son 760 mmHg) por encima de la presión normal de una atmósfera (véase comentario de Ñita). A esa presión, la temperatura de ebullición del agua está en 46ºC, muy por encima de la que pueda alcanzar nuestro cuerpo (unos 37ºC), por lo que no habrá ebullición. Sí que herviría, por ejemplo, la saliva que tuviésemos en nuestra lengua o la lágrima que recubre nuestras córneas. Pero herviría a 37ºC, que es la temperatura a la que estaban. No nos quemarían al hervir.

3.- Los oídos nos harán ¡pop!. Si tenemos las trompas de Eustaquio taponadas podemos sufrir un desgarro del tímpano (desgarro que sería hacia fuera, no hacia dentro).

4.- El cuerpo NO explota. Sí es cierto que los gases internos se expanden y los líquidos perfunden los tejidos (edemas), pero nuestra piel es muy resistente a la tensión. Nos inflaríamos, pero no reventaríamos. Durante un vuelo en globo aerostático hasta las capas superiores de la atmósfera para batir el récord mundial de salto en paracaídas, a Joe Kittinger se le estropeó el sistema de presurización de su guante derecho. La mano se le hinchó hasta alcanzar más o menos el doble de su volumen (a 31000 metros la presión es una minúscula fracción de la que hay a nivel de tierra, y podríamos decir que sufrió una exposición de su mano al vacío), pero no reventó. Un par de horas después de su aterrizaje, la mano estaba perfecta de nuevo. En el centro espacial Johnson, en 1965, mientras se probaba la resistencia de los trajes al vacío, un empleado de la NASA se quedó encerrado en la cámara de vacío. La presión llegó a bajar hasta 1 psi (libra por pulgada cuadrada, más o menos seis centésimas de atmósfera). El accidentado perdió el conocimiento en unos 15 segundos, y recuerda que lo último que notó fue cómo la saliva hervía en su boca. A los 20 segundos se comenzó a subir de nuevo la presión de la cámara y el accidentado recuperó espontáneamente la consciencia. No le quedaron secuelas.


Salto desde 31.300 metros. Ahí es nada

El salto pueden verlo en este vídeo musical que nos apunta TheOm3ga (¡gracias!). Impresionante:

5.- Al bajar la presión, los gases disueltos en la sangre dejarán de estarlo, pues la solubilidad de un gas en un líquido aumenta con la presión. Esos gases formarán burbujas que pueden causarnos una trombosis, y también causarán mucho dolor en las articulaciones. Los buceadores también conocen a fondo este efecto. Sin embargo, tarda algo más en ocurrir de lo que tardaríamos en perder el conocimiento por falta de oxígeno.

Así que si lanzas un astronauta desnudo al Espacio y lo recuperas antes de un minuto, muy probablemente no le pasará nada irreversible. El principal problema al que se enfrenta es la falta de oxígeno en el cerebro (anoxia).

Como siempre que me interno por terra incognita, ruego ayuda para correcciones/ampliaciones de nuestros amigos buceadores y médicos. Gracias por adelantado.

Nota: Justo antes de darle al botón de publicar encuentro que Sergio ya ha tratado este mismo tema de forma magistral en su estupendo blog. Además, las fuentes de información que hemos usado son parecidas. Dígolo por si les interesa ver otro enfoque del mismo tema.

Nota 2: Como bien me recuerdan en los comentarios, también se habló del tema en el Foro CPI.

Nota 3: ¡Menea esta entrada si te apetece!

Para saber más:

1.- Temperatura en el Espacio , de la NASA.

2.- Perdiendo calor en el Espacio y Transmisión de calor, del imprescindible Malaciencia.

3.- Vacío exterior, en la Wikipedia.

4.- Exploding body in vacuum .

5.- A human body in a vacuum , de la NASA, con las historias sobre las despresurizaciones.

6.- Human exposure to vacuum .

Categorías: Astronomía, Ciencia, Consultorio CPI, Física, Foro CPI, Leyendas urbanas, Medicina, Patadas a la ciencia | Hay 72 comentarios »

30 de agosto de 2007

 Consultorio CPI: Los espejos de las comisarías

Guillem nos pregunta:

Hola a todos los CPIeros.
En primer lugar felicitaros por vuestro adictivo blog, lo reconozco, soy adicto a CPI.

Ahí va mi duda: ¿Cómo funcionan esos cristales que por un lado son como un espejo y por el otro son transparentes (como los de las salas de interrogatorio de las pelis)?

Espero que me lo podáis explicar y gracias por adelantado

Guillem, la solución tiene un nombre: espejos semiplateados. Y es una solución “tramposa”. En realidad, estos espejos de las comisarías o de las habitaciones de Gran Hermano no son espejos perfectos por un lado ni ventanas perfectas por el otro.

Ayer hablamos sobre espejos de primera y segunda superficie. Recordemos un poco de teoría: Cuando la luz llega a una superficie, siempre pasan varias cosas:

1.- Parte de la luz pasa a través del medio. Cuanto más transparente sea, más luz pasará. Esto es lo que esperamos todos de una ventana, que deja pasar la luz. A este parámetro que mide la transparencia se le denomina técnicamente “transmitancia” y va de 0 (no pasa nada de luz) a 1 (pasa toda la luz, cosa que es imposible en el mundo real). Sin embargo,

2.- Parte de la luz se refleja (siempre). Puede que sea sólo un 5%, pero en cualquier medio transparente, por muy limpio que esté, tendremos un rebote (luz reflejada). El parámetro que mide la capacidad de reflexión de un material es la “reflectancia”. Por último,

3.- Parte de la luz es absorbida por el medio y transformada en calor (movimiento de las moléculas del medio). Siempre. Por eso los espejos se calientan al sol. A este parámetro se le llama “Absorbancia” (feo palabro). Despreciaremos este término en aras de la simplicidad.

Así que cuando la luz llega a un vidrio, parte de ella será reflejada y parte transmitida. Esto es importante para lo que sigue. En un vidrio normal de una ventana, la luz reflejada puede oscilar entre un 4% y un 16% (y por tanto la luz transmitida varía entre un 96% y un 84%). En un espejo de los de casa la luz transmitida es un 0%, pero el espejo no devuelve el 100% de la luz porque parte la absorbe.

filmlayers.gifLos espejos “de una sola dirección” (one-way mirrors, como a veces se les llama). Tienen un recubrimiento reflectante que no es “perfecto”. Deja pasar parte de la luz (pongamos el 10%) y refleja otra parte (pongamos el 90%, suponiendo por simplicidad que el espejo no absorbe luz). Esto se consigue haciendo que la capa reflectante del espejo sea muy muy fina, del orden de micras o menos. Así, la capa reflectante refleja, pero como es tan fina sigue “transparentando” y deja pasar luz a través.

Pero en óptica hay un dicho, sustentado por la física: “todo sistema óptico es reversible”. Es decir, que si un rayo puede ir de A a B, entonces también puede ir de B a A por el mismo camino que vino. Por eso es imposible (aunque lo explicaremos con detalle en una entrada posterior) conseguir que un espejo de estos sea perfecto, es decir, que desde un lado sea espejo puro y desde otro ventana pura.

Imaginemos una comisaría con polis a un lado del espejo de la sala de interrogatorios y “el sospechoso” al otro. ¿Qué es lo que ocurre? Que la sala del sospechoso está muy iluminada, mientras que la sala de los policías está a oscuras o poco iluminada. El sospechoso observa que el espejo le devuelve el 90% de la luz de su propia sala, y el 10% de la luz de la sala de los policías. Pongamos que la intensidad de la sala es de 100 unidades luminosas y la intensidad de la sala de los polis es de 10 unidades. Desde el espejo llegarán a los ojos del interrogado 90 unidades de luz de su propia sala (el 90% de 100, que refleja el espejo) y sólo 1 de la sala de los polis (el 10% de 10, que deja pasar el espejo). Claramente, el sospechoso sólo ve un espejo, pues sólo el 1,1% de la luz que le llega desde el espejo proviene del otro lado. Los polis, en este ejemplo, ven en el espejo el reflejo del 90% de la luz su propia sala (o sea, 9 unidades), y el 10% de la luz de la sala del sospechoso (o sea, 10 unidades). Los polis ven casi con la misma intensidad su reflejo y la sala del sospechoso. Tal vez en una sala real la iluminación de la sala de los polis sea aún menor. Sin embargo, si iluminásemos mucho la sala de los policías, el interrogado podría verlos sin dificultad.

La siguiente imagen nos lo muestra bien claro: imaginemos un peligrosísimo ¿ficus? que cometió un terrible crimen contra el medio ambiente en Osaka. Sólo una niña fue testigo de su crimen, así que la traen a la sala de reconocimiento. En la primera imagen la planta está muy iluminada y la niña no. La niña puede por tanto ver a la planta pero la planta sólo ve un espejo. En cambio, si encendemos una luz potente tras la niña, el ficus podrá ver a través del espejo, pues ahora llega mucha más luz desde el otro lado. La niña necesita claramente ingresar en el programa de protección de testigos :) . Fíjense en que en la segunda imagen se sigue viendo el reflejo del ficus, aunque mucho más débil que la imagen de la niña:

mirror-window.jpg

Para leer más:

1.- One way mirrors .
2.- Mirror vs. Window
3.- How do one-way mirrors work?

Actualización: Menea esta entrada si te apetece :)

Categorías: Ciencia, Consultorio CPI, Física, Ingeniería, Leyendas urbanas | Hay 38 comentarios »

24 de mayo de 2007

 Polígrafos

En la KDD CPI 3.14 en Málaga, de grato recuerdo, Áuryn, nuestra psicóloga forense residente ;) comentó algo acerca del mal uso que se les daba a los polígrafos en los programas de casquería del corazón de por las tardes. Cuando le pedí que nos contara más, nos dio una interesantísima lección de polígrafos. No podía menos que pedírsela por escrito, a lo que se prestó amablemente. Tras cada tema aparentemente banal hay un mundo de cosas que aprender, estimados lectores. El texto es de Áuryn y yo sólo he puesto algún enlace tras consultar la Wikipedia. Muchísimas gracias, Áuryn. Los errores que queden son, por supuesto, culpa de la SGAE:

Un polígrafo, como su nombre indica, es una máquina que hace un gráfico de varias medidas. En concreto, medidas de diferentes respuestas corporales (pulso, ritmo respiratorio, conductividad de la piel…). No es un “detector de mentiras”, ni una “máquina de la verdad”, ni nada por estilo. Sólo mide las variables y las refleja en una gráfica. Ahora bien, si tenemos una persona conectada a la máquina y le presentamos una serie de estímulos, las respuestas fisiológicas variarán, y si esas variaciones son coherentes podemos extraer determinadas conclusiones acerca de cómo está evaluando la persona dichos estímulos. Pero no es la máquina la que nos dice milagrosamente que alguien miente, sino nosotros los que sacamos las conclusiones elaboradas a partir de los simples datos. Y nuestras conclusiones dependerán de la teoría en la que nos basemos.

Cuando se empezaron a estudiar las medidas fisiológicas en el ámbito judicial, la teoría base venía a decir más o menos que el culpable de un delito se pondría nervioso ante la posibilidad de que lo pillasen, mientras que el inocente no lo estaría. Por lo tanto, aquel que, conectado al polígrafo, al escuchar preguntas referidas a un delito mostrase unos valores diferentes en la gráfica a los que tendría escuchando preguntas no relevantes, sería culpable. Era lógico, era sencillo, y no era del todo fiel a la realidad. Como en los juicios de Dios de la antigüedad, esto tenía un grave fallo: para que funcionase, el culpable tenía que creer que la máquina detectaba las mentiras, y el inocente, que la máquina demostraba su inocencia. Si el culpable no sentía ningún tipo de nerviosismo o si el inocente se sentía muy turbado por las preguntas referidas a actos delictivos, las medidas se iban al traste. Por eso se “convencía” previamente a los sujetos que iban a pasar la prueba de que la máquina era infalible, para ponerlos en el estado de ánimo adecuado.

Funcionó durante un tiempo, y pasó a la cultura popular. Una máquina perfecta, que detectaba sin asomo de error quién mentía y quién no… No se puede negar que es un tema jugoso. Se hicieron películas, novelas, y hasta chistes al respecto.

Pero luego se empezaron a estudiar las características del polígrafo con criterios científicos, y, claro está, se descubrieron sus deficiencias metodológicas. Un inocente muy nervioso o con predisposición a sentirse acosado tendría unas reacciones más fuertes que un culpable. Un culpable con una línea base muy baja o que hiciese contramedidas (es decir, que se pusiera una chincheta en el zapato, alterase el ritmo de su respiración normal o pensase en cosas que le relajasen) tendría grandes posibilidades de pasar la prueba como inocente.

Así que se empezó a plantear cómo mejorar la técnica para que las posibilidades de error fueran menores, tanto falsos positivos (inocentes detectados como culpables) como falsos negativos (culpables tomados por inocentes). Y estas mejoras fueron en dos direcciones: Por un lado, mejorar las máquinas para que las medidas fisiológicas tomadas fueran más precisas y más diversas, y, por otro, cambiar la manera de redactar y plantear las preguntas para que fueran más discriminativas.

Un polígrafo actual consta de un programa instalado en un ordenador, un aparatito chiquitín con muchas entradas de señal, y varios periféricos que se conectan al mismo para obtener las medidas. Normalmente, dos fuelles para la respiración, un esfigmomanómetro para la tensión arterial, y unos electrodos de gel que se colocan en la mano para medir la respuesta galvánica de la piel (los pequeños aumentos casi imperceptibles en la sudoración de las manos). Aparte de eso, se pueden colocar diferentes almohadillas (en el asiento, bajo los pies, en los brazos de la silla) para que, si la persona trata de hacer contramedidas moviéndose, se detecte este movimiento. La gran ventaja del ordenador es que, además, podemos ajustar la gráfica al rango que queramos, de tal manera que, si el sujeto tiene unas reacciones bastante “planas”, se puede ampliar el gráfico para que no pasen desapercibidas las pequeñas variaciones.

Pero donde realmente se ha avanzado con la investigación es en la forma de redactar las preguntas. Estaba bastante claro que eso de “el culpable se pone nervioso y el inocente no”, no era el punto de vista correcto, así que se empezaron a buscar nuevos formatos de preguntas. Aparecieron entonces los protocolos que incluían preguntas que buscaban a propósito poner nervioso al sujeto (¿Ha sido usted infiel a su pareja alguna vez? ¿Ha mentido para conseguir algo que deseaba?) para comparar ese nerviosismo con el que aparecía al preguntar por el delito, y poder discriminar a aquellas personas que simplemente se estresaban al ser interrogadas. Pero la posibilidad de un falso negativo seguía siendo demasiado alta.

Entonces fue cuando se empezó a investigar basándose en una teoría completamente diferente: la respuesta de orientación. Esta respuesta, ya observada por Pavlov en sus famosos perros babeantes, consiste en que, al percibir un estímulo novedoso, el organismo se activa (en el caso de los perros, al escuchar un ruido, levantan la cabeza y orientan las orejas en la dirección en que lo escuchan). Por primera vez, los poligrafistas tenían algo que no dependía del nerviosismo del sujeto, sino que era inseparable de su propia fisiología. Y se diseñó el Test de Conocimiento Culpable (Guilty Knowledge Test , Lykken, 1960), en el que se plantean al sujeto diversas preguntas sobre el delito cuya respuesta sólo el culpable puede conocer, debiendo éste elegir una alternativa de respuesta entre varias presentadas. No importa cuál elija, porque si es culpable su cuerpo le delatará, activándose casi imperceptiblemente en la respuesta correcta. Y el polígrafo detectará esa activación. Con un número de preguntas suficientemente grande, con respuestas bien planteadas y que no sean del dominio público, un culpable se destacará muy por encima de los inocentes, cuya activación será prácticamente aleatoria.

Sin embargo, por algún extraño misterio, que muy probablemente tiene que ver con la popularidad de la idea inicial de “máquina de la verdad”, siguen usándose mayoritariamente los protocolos antiguos, de hecho, los primeros de todos, justo los que se han demostrado en gran medida ineficaces. “No dejes que la realidad te estropee un bonito espectáculo”, deben de pensar todos los programas amarillistas que venden el polígrafo como algo fiable, a pesar de utilizarlo francamente mal.

Para pasar una prueba poligráfica (varias, puesto que el procedimiento exige que se repitan las medidas varias veces, preferiblemente alterando el orden de las preguntas), se necesita una sala a temperatura agradable, sin ruidos ni distracciones, en la que el sujeto se sienta cómodo y relajado. Ponerlo nervioso innecesariamente nos daría una gráfica excesivamente compleja. Si se mueve mucho, si responde con palabras largas (más allá de “sí y “no”, o del número o letra de la alternativa, según el protocolo usado), si se acalora y enerva, la prueba es totalmente inservible, puesto que la máquina nos dará unas medidas de las variables totalmente caóticas, imposibles de interpretar.

Por supuesto, no siempre los sujetos son colaboradores y pacientes, e incluso los hay a los que les interesa boicotear una prueba de estas características. En esos casos, igual que cuando la gráfica es confusa, un buen poligrafista nunca aseverará que el sujeto miente, sino que la prueba es no concluyente.

En resumen, ¿el polígrafo funciona? Pues exactamente igual que cualquier otra herramienta: sólo si se usa bien. La cuestión es que, por lo que parece, interesa usarlo mal.

Categorías: Ciencia, Foro CPI, Ingeniería, Leyendas urbanas, Psicología | Hay 35 comentarios »

22 de mayo de 2007

 Consultorio CPI: Leche en Tetra Brik

José Luis nos manda una presunta leyenda urbana para saber si es cierta:

Hola amigos de CPI.

Soy un asiduo lector de vuestro sitio, sacia mi curiosidad sobre los temas más variados y arroja luz sobre cuestiones de lo más variopintas con todo rigor. También me son muy útiles vuestras recomendaciones sobre libros con las que casi siempre acertáis.

Me dirijo a vosotros porque me ha llegado este correo y por más que busco si la información es fidedigna o uno más de los innumerables bulos que corren por la red no consigo aclararlo. Seguro que vosotros tenéis la respuesta correcta.

Un caluroso saludo y mis más sinceras y entusiastas felicitaciones por vuestro gran trabajo.

El correo en cadena que ha recibido José Luis, y supongo que muchos de ustedes, es el siguiente (he corregido la ortografía por higiene visual):

La leche en cartón, al no ser vendida dentro de determinado plazo, ¡regresa para la fábrica para que sea repasteurizada de nuevo!

Esto puede ocurrir hasta 5 veces , lo que termina dejando la leche con un sabor diferente, aumentando la posibilidad de cuajar reduciendo significativamente su calidad, hasta su valor nutricional disminuye.

Cuando la leche vuelve para la venta al consumidor final, el pequeño numero que está marcado en la figura arriba con un círculo rojo es modificado. Ese número varia de 1 a 5 lo ideal es comprar hasta el número 3. Números superiores significan que la calidad de la leche será dudosa. Ese pequeño número queda localizado en el fondo del cartón; si compras una caja cerrada, basta verificar apenas un empaque, todas las demás tendrán la misma numeración.

Por ejemplo, si un empaque tiene el número 1, significa que es la primera vez que sale de la fábrica y llega al supermercado para la venta final; pero si tiene el número 4, significa que ya fue repasteurizado 4 veces y luego volvió para el supermercado para tratar de ser vendido y así sucesivamente…

¡¡¡EN EL ARCHIVO ADJUNTO SE VE DÓNDE ESTA EL NÚMERO QUE HAY QUE BUSCAR!!!

Tras tan grandes esperanzas puestas en CPI, no podía menos que emplearme a fondo. Aprovechando mis contactos en la Camorra napolitana y una amiga que tengo en Pascual (¡Gracias, Mery!), pasé el correo, que llegó hasta la jefa de producto, quien, por supuesto, ya lo había recibido por otros lados.

La respuesta de Pascual es la esperable: Pascual, por supuesto, no repasteuriza su leche, que ya sale de sus instalaciones estupendamente pasteurizada y no necesita pasar de nuevo ese proceso. Lo del numerito en la base del cartón es falso. Además, dato muy importante, a Pascual le llegan los números ya impresos desde Tetra Pak, la empresa que fabrica los briks de leche y de mil otros productos, por lo que no tiene mucho sentido que sirvan para numerar algo cambiante como el número hipotético de “reciclados” de un litro de leche. Seguro que algún biólogo/médico/bioquímico/etc nos puede ayudar y contarnos si la idea misma de “repasteurizar” tiene sentido.

Faltaba, pues, averiguar exactamente qué demonios era ese numerito. Así que la jefa de producto escribió a Tetra Pak (Tetra para los amigos :) ), que contestó enseguida proporcionando la información:

Los envases de Tetra Pak se producen en grandes bobinas como ésta que tiene 1,60 metros de ancho. Esta bobina contiene varios rollos con secuencias de envases.

Cada rollo de una bobina recibe una numeración (1 al 5) que permite identificar en qué posición de la bobina fue producido un determinado envase [clic para ampliar]:

Los números se imprimen durante la fabricación de los envases en las fábricas de la firma Tetra Pak, empresa que produce los envases.

De esa forma, Tetra Pak:
1.- tiene un control de la producción de los envases y así
2.- garantiza la máxima calidad de los envases.

NO hay ninguna relación entre los números en la base del envase y el producto contenido.

Así que otra leyenda urbana que se va al guano, estimados lectores. Además, hay algunos datos interesantes que merece la pena compartir:

1.- La imagen que acompaña al correo de la leyenda urbana no es de un producto de Pascual (tiene un código numérico distinto al de cualquier producto de Pascual).

2.- Esta misma leyenda ha circulado antes, aunque con menos detalles. En los foros de Snopes , la mejor página del mundo para consultar si algo es una leyenda urbana (sin olvidar a los rompecadenas), podemos encontrar referencias a esta leyenda.

3.- Simultáneamente a la pregunta que le hice a mi amiga, me fui a la página de Pascual y la planteé en el formulario de atención al cliente que tienen. Mi amiga me lo había solucionado todo al día siguiente (ayer) a las 12 de la mañana. A las 2 de la tarde una representante de Pascual, encantadora, me llamaba al móvil para contarme lo mismo y a las 10 de la noche me escribían un correo desde Pascual adjuntándome la información de Tetra Pak . O sea, que el servicio de atención al cliente de Pascual lo resolvió todo perfectamente y casi igualó en tiempos al viejo método de la ayuda de los amigos. Un punto a favor de su servicio de atención al cliente.

Concluyo citando a alguien de Pascual, que me hizo mucha gracia (el enlace y los corchetes son míos, el smiley es suyo):

[...] espero que [esta información que os acabo de pasar] los tranquilice a todos [los que han creado este bulo] y que ya sólo se centren en mandar cadenas para que Microsoft aporte 0.001$ por contacto para la ayuda de ese pobre niñito huérfano que no tiene ni brazos ni piernas y toca el saxofón… :)

Actualización (9-06-07): Blogorri (¡gracias!) nos manda este enlace, donde se habla con gran detalle de este bulo.

Categorías: Ciencia, Leyendas urbanas, Sociedad | Hay 112 comentarios »

24 de abril de 2007

 El logo de Google y una leyenda urbana

Hace un par de días, el 22 de abril, se celebró el Día de la Tierra. Google hizo un logo para la ocasión:

Nada más verlo, me acordé de otra impresionante imagen de un iceberg, que seguramente la mayoría de ustedes haya visto:

En efecto, se trata de una fotografía de un Iceberg (de “montaña de hielo , en noruego o danés”), de apabullante belleza. La explicación que suele acompañar a la foto reza así: “La imagen fue tomada en Saint Johns, Terranova. Se trata de un iceberg a la deriva cerca de la plataforma petrolífera de la empresa Global Marine Drilling. ¡En serio, tienen que remolcar estas cosas con barcos para evitar accidentes! En este caso, el agua en calma y el sol muy alto permitieron al buceador tomar esta imagen. El peso estimado del Iceberg es de 300.000.000 toneladas.”

Lo cierto es que la foto está trucada, estimados lectores. A muchos no les sorprenderá, pero aún hoy aparece la leyenda en demasiadas páginas. Sirva una de ejemplo.

El creador de esta composición es Ralph A. Clevenger . En sus propias palabras (más o menos),

Creé esta imagen para ilustrar la idea de que lo que ves no es necesariamente lo que hay. Como fotógrafo profesional, sabía que una imagen como ésta era imposible de conseguir, así que creé la imagen final uniendo varias fotografías que ya tenía hechas. Las dos mitades del iceberg son de dos icebergs distintos, uno en la Antártida (mitad superior) y otro en Alaska, que tuve que invertir porque era la parte que sobresalía del agua. El fondo marino está tomado en California. Y finalmente está el fondo del cielo. Tuve que investigar bastante con la iluminación y la escala para conseguir que el iceberg pareciese real.

Pueden encontrar muchas más fotos de Ralph Clevenger aquí.

Categorías: Ciencia, Fotografía, Leyendas urbanas | Hay 40 comentarios »