Título: Nueve meses de espera. La guía definitiva del embarazo, el parto y el postparto. Autor: Josefina Ruiz Vega y Mª Concepción Díez Rubio Tema: Medicina Editorial: Temas de hoy Páginas: 471 ISBN: 978-84-8460-383-0 Idioma: Español
[En realidad este libro lo acabé de leer en 2007, pero como ya publiqué la lista, pues lo meto en 2008]. Como no podía ser de otra manera, estimados lectores, durante el embarazo de los pequeñajos cayeron en mis manos algunos libros sobre “cómo prepararse para ser papás”. Prometo no darles la barrila comentando todos los que leí. Sólo escojo el que a mi juicio es el mejor, con diferencia. Aprovecho para darle mil gracias a Petisuis, que fue quien me recomendó (y me prestó) el libro. Gracias, guapa
Pocas cosas me vienen a la cabeza cuando se trata de comentar un libro “de autoayuda”, o cual sea la categoría en la que caen este tipo de libros. Lo único que puedo decirles es que cuando a Maite “le dolía aquí”, el libro tenía la respuesta, genialmente explicada, de manera muy comprensible y relacionándola con otras cuestiones que también acabaron surgiendo. Pocas veces he consultado un libro con la seguridad de que encontraría lo que necesitaba, y que lo comprendería del todo (tal vez la Wikipedia podría aproximarse, pero al ser ésta una cuestión tan personal, lo pongo por encima en mi ránking de “sitios chachis donde buscar información”).
No hay mucho más que decir. La información está ordenada por la cronología del embarazo (semanas, trimestres y esos extraños sistemas no internacionales que todos empezamos a usar durante el embarazo) y habla de tooodas las posibles afecciones, molestias, consejos, trucos y demás sucesos que acaecen normalmente durante un embarazo. Hay un capítulo especial de embarazos múltiples, cosa que agradecí muchísimo.
Si se han quedado embarazados, estimados lectores (los hombres también cuentan, por supuesto, como embarazados consortes), este libro les va a ser de gran ayuda. A mí me lo fue. Mi nota: Imprescindible si está usted embarazada o cree que pudiera estarlo
Disculpen la aliteración en el título, pero es que venía al pelo. David nos pregunta:
Buenos días Remo
Me encanta el blog por esa forma sencilla y amena de acercar la ciencia a gente curiosa como nosotros… No sé si lo que viene será una consulta CPIera pero ahí va…
Leyendo la entrada sobre retrovisores me dio por preguntarme el porqué algunos cristales se ven verdes en el canto tal y como se ve en la foto que te adjunto, pero luego de frente son transparentes.
Por lo que comprobé, no se debe al reflejo del entorno, no me explico cómo sucede esto.
Un abrazo.
Luis: Respondiendo a tu pregunta acabaremos hablando de los atardeceres. Lo bonito de la ciencia es que muchas veces el mismo mecanismo sirve para explicar fenómenos muy dispares.
Ante todo, una precisión: En física y química, un cristal es un material con una estructura atómica ordenada, que se repite regularmente. La sal de mesa, NaCl (cloruro de sodio) es un ejemplo de cristal. Nuestras ventanas no son cristales, puesto que sus moléculas están ordenadas al tuntún. Son vidrios.
El vidrio es un sólido amorfo (sin estructura atómica ordenada, como acabamos de ver) compuesto en su mayor parte por sílice, que es óxido de silicio (SiO2). Básicamente, arena de playa fundida, para que nos entendamos, y enfriada muy rápidamente para que no se ordenen su moléculas mientras se enfría. El vidrio, además de la sílice, lleva en su interior óxidos metálicos que son responsables en gran parte tanto de su comportamiento ante la luz (qué colores deja pasar y cuáles no) como de sus propiedades mecánicas (resistencia al calor y a los impactos). Estos óxidos metálicos se añaden en parte para conseguir propiedades deseadas en el vidrio y en parte para abaratar y simplificar el proceso de manufacturación. El cuarzo fundido (sílice) es bastante fastidiado de manipular, hay que calentarlo un montón para fundirlo y es bastante caro. Al vidrio común se le añaden bastantes de estos compuestos:
Intervalos de composición frecuentes en los vidrios comunes
Componente
Desde … %
… hasta %
SiO2 (Óxido de silicio)
68,0
74,0
Al2O3 (Óxido de aluminio)
0,0
4,0
Fe2O3 (Óxido férrico)
0,0
0,45
CaO (Óxido de calcio)
9,0
14,0
MgO (Óxido de magnesio)
0,0
4,0
Na2O (Óxido de sodio)
10,0
16,0
K2O (Óxido de potasio)
0,0
4,0
SO3 (Óxido sulfúrico)
0,0
0,3
Hay muchos tipos de vidrios. Un montón. Desde el vidrio común de ventana, llamado “vidrio sódico cálcico” por ser los óxidos sódico y cálcico sus principales aditivos, pasando por el Pyrex, que tiene borosilicatos (sompuestos de silicio y boro) en su interior que hacen que resista mejor los cambios de temperatura, hasta el cristal antibalas, que no es en realidad un vidrio al uso sino que está hecho de policarbonato.
Nos vamos acercando a nuestro destino. Los responsables del color verdoso de los bordes del vidrio son los óxidos de hierro, que absorben algunos colores (los azules y rojos) y dejan pasar más los que están cerca del verde. Así, la luz del sol, que podemos suponer que es blanca para nuestro uso (no lo es, y de hecho el pico de emisión está en el amarillo-verde, pero de momento lo aparcamos), al atravesar el vidrio, pierde parte de sus componentes azul y roja y queda un poco “enverdecida”. El efecto es tenue, pero medible. En un espectro de transmisión (en la gráfica de la izquierda) del vidrio común podemos apreciar que por poquito la longitud de onda que más se transmite es la de 550 nanómetros (nm), que es precisamente nuestro color verde:
“¿Estás diciendo que la luz que atraviesa una ventana queda verde? Pues yo no lo noto”, podrás decir. “Y además aún no has hablado de los bordes”. A ello vamos. La luz que atraviesa un vidrio común queda enverdecida, pero muy poquito, porque ha atravesado sólo medio centímetro de vidrio, que es un grosor estándar. Sin embargo, cuando ves la luz que viene del borde del vidrio, estás viendo luz que ha entrado por el otro borde, por lo que ha atravesado mucha más longitud de vidrio y ha ido perdiendo mucho más sus componentes azul y roja. Ésta es la explicación básica.
Y para comprobarlo, podríamos poner muchas láminas de vidrio juntas y comprobar que cuanto más vidrio atraviesa la luz, más verde se vuelve. A ello me puse, apilando unas cuantas láminas de vidrio en escalera con la ayuda de Juanjo y Miguel, compañeros del laboratorio (¡gracias!). Los resultados saltan a la vista, nunca mejor dicho; a medida que la luz va a travesando más cantidad de vidrio, más verde se va poniendo. La pared blanca tras el primer vidrio sigue pareciendo blanca, aunque podemos ir observando el cambio con claridad (clic para ampliar):
¿Y por qué la luz que sale por un borde tiene que haber entrado por el otro? Pues porque el vidrio, al ser un medio poco dispersivo, más o menos mantiene la luz en su trayectoria sin esparcirla por el interior. Si un rayo de luz entra por una cara, saldrá por la otra sin que una cantidad apreciable de luz rebote por el interior. Y si entra por un borde, seguirá hasta salir por el otro sin que una cantidad apreciable salga por las caras principales.
Por último, hablemos de los atardeceres. Hace poco enlacé a Malaciencia y su explicación del color del cielo. La luz del sol es blanca, o así la consideramos para nuestros propósitos. El aire dispersa la luz en todas direcciones, pero dispersa más la luz de alta frecuencia (azules y violetas) que la de baja frecuencia (naranjas y rojos). Cuanzo la luz del sol pasa por el cielo por encima de nuestras cabezas, el azul es más dispersado en todas direcciones y por eso vemos el cielo azul. Si miramos al sol, lo veremos menos azulado de lo que realmente es, pues el aire nos ha ido quitando la luz azul. A mediodía, cuando el sol está alto, no es sin embargo fácil de apreciar. Se ve mucho mejor cuando el Sol está bajo en el horizonte y hay mucha más capa de atmósfera entre él y nosotros. Ahí se ve que ha ido perdiendo los azules y quedan los rojos.
Aunque el mecanismo por el cual un vidrio “enverdece” la luz que lo atraviesa es la absorción y el mecanismo mediante el que el aire enrojece la luz que lo atraviesa es la dispersión (algo de absorción hay, pero menos), el resultado final es el mismo: la luz que atraviesa ambos medios sufre cambios en su color, y estos cambios son más acusados y perceptibles cuanto mayor sea el grosor de material que atraviese.
En primer lugar quería felicitaros por vuestro blog, uno de mis favoritos y en el que explicáis muy bien las cosas a la gente que es curiosa pero no de ciencias.
Mi pregunta me surgió hace tiempo, y tiempo que llevo con ella apuntada en la cabeza para planteárosla:
Imaginemos que vamos en un avión capacitado para alcanzar mucha mas altura de lo normal, a tal altura que la presión baje tanto que el agua pueda hervir a los 40 grados centígrados. Pues una vez ahí, nos da por cocinar unos macarrones. La pregunta es: ¿Necesitaría llegar a X temperatura la pasta para que se cocine o simplemente con el hecho de estar el agua hirviendo a pesar de estar “templada” es suficiente para cocinarla? O al revés, ¿ bajo mucha presión y con agua muy caliente (mas de 100 grados) pero sin hervir se cocinarían unos macarrones, o la clave es la ebullición?
Espero que os resulte interesante la pregunta, me muero por saber.
Muchas gracias, un saludo,
Luis:
El hecho de que un líquido hierva sólo significa que su presión de vapor (de la que ya hablamos en CPI: Evaporación) se ha igualado con la presión del aire exterior. La pasta no “sabe” que el líquido a su alrededor está hirviendo. Sólo “sabe” que hay agua y a qué temperatura está. Así que en realidad nos da igual cocer pasta con agua a 80 grados sin que llegue a hervir en Alicante que con agua a 80º hirviendo en las faldas del Everest.
Para lo que sigue ruego la ayuda de lectores versados en ciencia de los alimentos, por si meto la pata. Cito de mi referencia 2:
La pasta normalmente se hace de harina, huevos, sal y agua. La mayoría de la pasta se hace de semolina o de sémola de trigo duro, un tipo de harina de trigo, pero también se pueden utilizar otros cereales como maíz, arroz, quínoa, espelta, y trigo poulard o australiano. Estos cereales alternativos rinden pastas más blandas y pegajosas, pero que son una buena alternativa para la gente con alergias/intolerancias al trigo (celiaquía).
Otros tipos de pasta se hacen con el cereal de trigo integral, lo que hace que la pasta sea más oscura y más nutritiva, o de trigo con otras harinas, incluyendo harinas no procedentes de cereales, como la de soja.
Los huevos se utilizan para mejorar la calidad tecnológica de la pasta. El huevo no solamente enriquece a la pasta desde el punto de vista nutricional y organoléptico, sino que también tiene una función tecnológica, ya que el huevo hace que la masa sea elástica, blanda y resistente.
El agua se utiliza normalmente para la masa y hacer posible el moldeado. Durante la etapa de secado es cuando la mayor parte del agua se elimina. La sal se le añade por el sabor.
Cuando echamos esta pasta al agua, siempre se acabará haciendo ablandando. Da igual que el agua hierva o no, da igual su temperatura. La pasta de trigo acabará absorbiendo el agua y haciéndose ablandándose. Cuando andaba dándole vueltas a tu pregunta, se me ocurrió hacer pasta con agua que no llegar a hervir, pero directamente me fui al extremo: echar pasta en un vaso de agua del grifo y ver si se quedaba dura o absorbía el agua. El resultado después de una noche en un vaso de agua a temperatura ambiente está en el siguiente vídeo. El vídeo es un poco aburrido, pero ya que me había tomado la molestia de hacerlo pensé que por qué no compartirlo. La pasta se ablanda:
La pasta estaba demasiado blandosa como para disfrutarla, pero estaba claramente comestible [Actualización: Está blanda y comestible pero sigue estando cruda. Ver comentario 2]. O sea, que se puede “hacer” pasta sin agua hirviendo. Por tanto, estimado Luis, ni son los 100 ºC ni es el hervor. Es el agua. Obviamente, cuanto más caliente esté el agua, más rápidamente se hará la pasta (la absorción y la solubilidad suelen aumentar con la temperatura). Por eso se recomienda hervir. Y supongo que también por el asunto de la amilosa, del que hablamos ahora mismo.
También se habló en CPI hace un tiempo de por qué las galletas se ablandaban antes en leche caliente que en leche fría: Galletas que se reblandecen.
Como datos CPI adicionales, puede verse en la siguiente imagen cómo la pasta se queda con un color blanquecino que no es habitual cuando se hierve:
Este color blancuzco se debe a que de los muchísimos componentes de la semolina, hay uno, la amilosa, que se disuelve en agua hirviendo pero no en agua a temperatura ambiente. Es la responsable de ese tono blancuzco de la pasta cuando no hierve el agua y es la responsable de la leve turbidez del agua hervida cuando sacamos de ella la pasta.
En la misma imagen se aprecian las burbujas de oxígeno que desprende el agua cuando se la deja toda la noche al fresco, burbujas de las que ya hablamos en CPI: Más burbujas.
Actualización 2: Gracias a los lectores por ponerme sobre la pista. Investigando llego a una página que cuenta lo que vienen ustedes diciendo en los comentarios: hace falta una temperatura mínima para que se desnaturalice la amilosa y la pasta “se cocine”.
Los dos componentes principales de la fécula de la pasta son la amilosa, de la que ya hemos hablado, y la amilopectina.
La amilosa tiene la siguiente composición:
Y se organiza en espirales:
La amilopectina, que es la que da consistencia a la pasta y entre cuyas moléculas querda atrapada el aguaa bsorbida, tiene esta composición:
Y se organiza en estructuras ramificadas:
La fécula se encuentra tanto en el trigo como en el maíz y las patatas. Los porcentajes entre amilopectina y amilosa varían entre las diferentes variedades. El aspecto de la fécula de maíz es el siguiente:
Antes de la desnaturalización, los gránulos de fécula tienen este aspecto:
Tras la desnaturalización, la amilosa sale del gránulo, como ya sabíamos, que queda con este aspecto:
Y los diferentes gránulos forman un gel con agua en su interior:
La temperatura mínima para que esto ocurra ronda los 62º-70º, tal y como habían aventurado nuestros lectores. Son ustedes unos hachas.
Título: Cuestiones curiosas de ciencia Autor: Scientific American (Ed.) Tema: Divulgación científica Editorial: Alianza Páginas: 270 ISBN: 978-84-206-6051-6 Idioma: Español Traductora: Dulcinea Otero-Piñeiro
Otro estupendo libro a cuyo espíritu se apuntó CPI. Un montón de lectores mandan preguntas a la revista Scientific American (en español, Investigación y Ciencia), donde cada pregunta es respondida por un especialista en la materia (a veces, incluso, por el premio Nobel cuya investigación respondió a la pregunta formulada).
Hay unas cuantas preguntas, muchas, que son realmente interesantes: ¿Cómo se mide el peso de un planeta? ¿Cómo sobreviven los delfines y las ballenas si se pasan el día bebiendo agua salada? ¿Por qué muchos perros y gatos aparecen con los ojos azules o verdes en las fotos con flash, en vez de rojos? ¿Cómo conseguía levantarse el T. Rex con esas patitas delanteras tan pequeñas? ¿Cómo se produce una resaca? ¿Por qué marea leer en el coche? ¿Por qué no hay cáncer de corazón? ¿Por qué en ocasiones el arco iris se ve más grande que en otras?
Es un libro muy cortito pero muy aprovechable. El único defecto que le veo es que a veces las respuestas son demasiado cortas, dejándonos con ganas de más o, en un par de ocasiones, simplificando demasiado. Ejemplo: El cielo es azul porque absorbe más el rojo, igual que el agua del mar. Uf. En Malaciencia Alf lo hizo mucho mejor al explicarlo: El color del cielo en Malaciencia.
En cualquier caso, cualquier libro que comparta el espíritu CPI me parece bueno, aquí reconozco que no soy imparcial. El hecho de que muchas preguntas dispares tengan respuestas basadas en lo que la humanidad ha ido observando a lo largo de la historia me parece increíble. Einstein ya lo dijo mejor:
Lo más incomprensible del Universo es que sea comprensible.
Ayer plantearon un problemilla en mi curro que la gente que no somos de ciencia nos costó un pelín pillarlo. Espero que te inspire para alguno de tus post. Te cuento:
Pregunta 1. ¿Es lo mismo “medio metro cuadrado” que “la mitad de un metro cuadrado”?
Pregunta 2. ¿Qué relación existe entre estas dos medidas?
Felicidades por tu blog […]
Estamos ante la clásica pregunta tramposa por estar mal formulada. De ésas hay unas cuantas pululando por ahí. Tras ver ésta les preguntaré sobre alguna otra.
Interpretando literalmente la pregunta, la respuesta es “Sí”. Es lo mismo medio metro cuadrado que la mitad de un metro cuadrado. ¿Cuánto es la mitad de un metro cuadrado? Pues medio metro cuadrado, y no hay más que hablar. Sin embargo, por el hecho de que la pregunta incide en la distinción de dos cosas que parecen iguales, uno intuye el arqueo de cejas del que pregunta y empieza a pensar en otras posibilidades.
“Medio metro cuadrado” podría referirse, de forma mal expresada, al área de un cuadrado de medio metro de lado. Y ahí sí que no es lo mismo. El área de un cuadrado de medio metro de lado es un cuarto de metro cuadrado (0,25 m2). Y a lo mejor ésa era la trampa en la que querían que cayeseis. Esquemilla al canto que hace hincapié en las palabras usadas para la pregunta (clic para ampliar):
Así que respondiendo a la pregunta que os plantearon, Olga, podríamos decir que:
A.- Si somos precisos con el lenguaje:
1.- Sí, es lo mismo.
2.- La relación es 1 a 1
B.- Si sospechamos la trampa:
1.- No. No son lo mismo.
2.- Medio “metro cuadrado” es el doble que “medio metro” (al) cuadrado.
Este tipo de preguntas con términos demasiado ambiguos se suelen plantear a veces como chiste:
¿Por qué las ovejas blancas comen más que las ovejas negras? Es un hecho probado, hay que encontrar la explicación.
Uno puede empezar pensando “Pues no sabía que las ovejas negras comían menos que las blancas. ¿Será la lana? ¿Será el café?” Seguro que en los comentarios algún amable lector nos deja la respuesta
Un chiste matemático relacionado (relacionado con las ovejas), que leí en un libro de John Allen Paulos (no sé si en El hombre anumérico, un imprescindible de la divulgación matemática). De JAP hemos hablado en CPI, por ejemplo, aquí. Hay muchas variantes de la historia, pero ésta es la que yo oí primero (en la facultad de Físicas, claro):
Un astrofísico, un físico experimental, un físico teórico y un matemático van en tren por Escocia. En lo alto de una loma divisan una oveja negra pastando.
El astrofísico dice: “¡Eh! ¡Las ovejas en Escocia son negras!”.
El físico experimental le mira con cara de compasión y dice “Querrás decir que en Escocia algunas ovejas son negras”.
El físico teórico arquea las cejas y dice “Es más correcto decir que al menos una oveja es negra en Escocia”.
El matemático, mirando al cielo como solicitando ayuda, recita “En Escocia existe al menos un prado que contiene al menos una oveja que es negra al menos por uno de sus lados”.
Otra conocida pregunta trampa presentada como acertijo matemático:
Van tres amigos a cenar a un restaurante. Al acabar, piden la cuenta, que asciende a 25 euros. Cada uno de ellos pone 10 euros. Le dan dos de propina al camarero, que les devuelve uno a cada uno. Si cada uno puso 10 euros y les devuelven 1 euro, realmente puso cada uno de ellos 9 euros. 9×3 = 27 euros. Si añadimos los dos que se queda el camarero, hacen 29 euros.
¿Dónde está el euro que falta para alcanzar los 30 euros iniciales?
El truco del anterior acertijo es que no se tienen que alcanzar los 30 euros, seguro que en los comentarios alguien nos ayuda y lo explica con maestría…
En fin, que a partir de la preguntilla inicial me he ido desviando. ¿Conocen más acertijos basados en la ambigüedad de la pregunta, estimados lectoers? ¡Pónganlos en los comentarios, por favor! ¡Ayúdennos a reducir la productividad de los lunes, que es demasiado alta!