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Archivo de diciembre de 2007

9 de diciembre de 2007

 [Libro] Un día de cólera (2007-39)


Título: Un día de cólera
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Tema: Historia, documental
Editorial: Alfaguara
Páginas: 401
ISBN: 978-84-204-7280-5
Idioma: Español

Ya saben que cuando Reverte saca libro me podrán encontrar entre los primeros de la fila, con los codos afilados por si alguien pretende colarse y llevarse el libro antes que yo.

Un día de cólera habla del Dos de Mayo. De lo que ocurrió ese día y el siguiente en las calles de Madrid. No habla de la guerra de la independencia ni de las motivaciones sociogeopolíticas de la ocupación francesa en España. Habla de la calle y de la gente que ese día salió a batirse.

El libro es, en mi humilde opinión, un gigantesco homenaje que Reverte hace a los que ese día perdieron la vida luchando por, digámoslo con suavidad, el rey más hijo de puta, cobarde y traidor de todos los que nos han tocado en suerte. Así éramos, y no sé si así somos. Vivan las caenas y todo eso. En la guerra de la Independencia Fernando VII, en Bayona, felicitaba a Napoleón por cada victoria francesa contra su gente, los españoles. En fin…

No estamos ante una novela al uso. Es un relato que describe fielmente, reconstruyéndolos a partir de muchísimos documentos, los ires y venires de unos cuantos centenares de madrileños, con nombre y apellidos, que aquel día salieron a la calle a matar franceses, cada cual por sus motivos. El autor sólo se permite la licencia novelística de plasmar los hipotéticos pensamientos y diálogos de los protagonistas, pues su acciones tuvieron realmente lugar.

El libro me ha dejado hecho polvo. Tanto por la historia de quienes murieron como por los fusilamientos indiscriminados de esa tarde y esa noche y esa madrugada y a la mañana siguiente. Por la suprema cobardía de los militares y políticos, que dejaron a los franceses masacrar a la población civil una vez que la revuelta hubo acabado. Por el rey en cuyo nombre todos se batieron y que no merecía ni la centésima parte de la sangre y el sufrimiento que a él se dedicó. ¿Quieren honor, valor, sacrificio y orgullo en la batalla? Aquí no lo encontrarán. La impresionante historia de los capitanes de artillería Daoíz y Velarde, únicos militares junto a un teniente y un alférez que participaron en la rebelión, que con unos paisanos con navajas y escopetas de caza, y quince soldados entre artilleros y voluntarios fueron capaces de hacerles quinientas bajas y más de doscientos prisioneros a los franceses, defendiendo el cuartel de Monteleón, queda luego empañada por la cantidad de gente cuya muerte vemos descrita, apenas una línea en la novela, y fuera para siempre de nuestra vista. Y por el abandono que sufrieron ellos: El jefe de Daoíz y Velarde escribió una carta a Murat, el general al mando de la ocupación francesa en España, diciendo que él no había tenido nada que ver con los locos esos, y que a él que lo registraran porque era inocente. Sus cartas siguieron chaqueteando hasta que cuatro años después terminaba sus misivas hablando de los héroes Daoíz y Velarde. Cobardón.

La guerra, la sangre y la batalla son una mierda. Queda clarísimo lo que piensa Reverte. Hay personajes que hacen su aparición en una página, jóvenes, con brillo en los ojos, con un negocio, una mujer e hijos, con planes de futuro, dispuestos a hacer que los franceses les dejen de humillar. Pocas líneas después, una bala francesa los borra del mapa y del libro, donde en apenas unas líneas Reverte les dedica toda la atención que puede darles, habiendo tantos como ellos. Ya está. Se acabó. Manolo Pérez, chispero de Lavapiés, murió de un balazo al salir de su casa con la navaja lista. Adiós, Manolo. No pudiste hacer nada. El libro y la Historia siguen sin ti. Reverte menciona a muchos cientos de personas, nombre y apellidos, describiendo qué hicieron, dónde lucharon y, en su grandísima mayoría, dónde murieron. Cuánta sangre, pordiós, cuánta sangre. Cuando ya llevamos más de trescientos muertos y vemos que aún quedan cien páginas, que incluyen los fusilamientos de Príncipe Pío, el alma se nos cae a los pies ¡Cuánto sufrimiento!

Reverte es mi favorito. No soy objetivo al comentar sus libros, ya lo saben. En éste, con precisión y bisturí de cirujano históirico, vemos a España en estado puro, con lo bueno y lo malo, con muy pocas palabras más de las necesarias para describir cómo éramos y cómo nos dieron por saco unos y otros. Reverte se ha lucido, en mi humilde opinión.

Mi nota: Imprescindible para conocer mejor este capítulo (esta nota al pie) de nuestra Historia.

Les recomiendo absolutamente esta larga entrevista que Reverte concede a El País.

Categorías: Libros | Hay 37 comentarios »

8 de diciembre de 2007

 [Libro] When genius failed (2007-38)


Título: When Genius Failed: The Rise and Fall of Long Term Capital Management
Autor: Roger Lowenstein
Tema: Economía, Historia
Editorial: Random House
Páginas: 288
ISBN: 978-0375758256
Idioma: Inglés

Nuevo libro de aventuras y desventuras financieras. Long Term Capital Management (LTCM), que sería algo así como “Gestión de capital a largo plazo”, fue un fondo de inversión creado en 1994 por John Meriwether, un trader del banco de inversión Salomon Brothers. El fondo contaba con los mejores cerebros en el mundo de las finanzas, incluyendo a dos premios Nobel en economía. Comenzó dando los mayores beneficios de todos los fondos del mundo, obteniendo más y más rentabilidad sin aparente esfuerzo. Y cayó, arrastrado por los mercados en huida de la crisis, arrastrando consigo a inversores

Meriwether trabajaba en arbitraje de bonos. El arbitraje en finanzas no es lo mismo que en otros lados. Decimos que existe arbitraje cuando es posible hacer un conjunto de operaciones (compras y ventas) que sin riesgo alguno nos proporcionan beneficio, aprovechando pequeñas discrepancias en un mismo bien en diferentes mercados o en dos bienes en un mismo mercado.

Un ejemplo tonto de arbitraje es el siguiente: imaginemos que en Londres un dólar cuesta media libra. Sería de esperar que en Nueva York una libra costara dos dólares, para que los precios fueran equivalentes. Pero imaginemos que en los EEUU una libra cuesta tres dólares. Entonces yo vendo una libra en NY por 3 dólares y con esos tres dólares me compro una libra y media en Londres. Acabo de ganar media libra aprovechando un desajuste en los mercados. Soy un arbitrajista :) Por supuesto, los arbitrajes que hoy existen son mucho más complejos, pero nos da una idea.

Tras constatar que él y su grupo de arbitraje de bonos eran los principales generadores de ingresos del banco y tras ser despedido (animado a despedirse) por culpa de una metedura de pata de un subordinado, Meriwether decide montar su propio fondo de inversión, a lo bestia. Recluta a los mejores teóricos del mundo de las finanzas, presiona salvajemente a los bancos para obtener un capital inicial y se lanza al mercado con casi 2000 millones de dólares obtenidos de los 100 socios con los que contaba el fondo.

El método mediante el que LTCM ganaba dinero era aprovechar pequeños desajustes en el mercado de bonos, al principio. Pero estos pequeños desajustes no daban demasiado dinero. la manera en que LTCM conseguía verdaderas cantidades de dinero era el apalancamiento: con 500 dólares puedes comprar, pongamos, 1 acción de Google. Pero con esos mismos 500 dólares puedes comprar una opción sobre Google, que te da derecho a comprar o vender cien acciones de Google. El apalancamiento permite operar mayor volumen con menos dinero. Tiene sus peligros, pues tanto las ganancias como las pérdidas se multiplican.

LTCM iba apalancada al máximo, a veces llegando al estar operando con un volumen 100 veces mayor que el dinero de que disponía (apalancada 100 a 1). Cuando las cosas fueron bien, los tres primeros años, los beneficios fueron espectaculares y consiguieron aún más dinero de los inversores. El problema se desató con la crisis asiática del 97 y la de Rusia en el 98, lo que hizo que los inversores dejasen de comportarse como los modelos matemáticos predicen y se fueran todos a los bonos del estado, lo menos arriesgado que hay. LTCM perdió casi 5000 millones de dólares, todo su capital, en unas pocas semanas. Sólo la salvó una acción desesperada del gobierno americano, que reunió a los principales bancos de Wall Street para que entre todos compraran la deuda del fondo.

Las operaciones del fondo terminaron siendo rentables. El problema es que cada día que no lo eran, LTCM perdía cientos de millones de dólares. Con la nueva inyección de fondos de los bancos, se superó el momento crítico y las operaciones volvieron a sus valores esperados. Pero los creadores de LTCM ya no eran dueños de la empresa. Eran los bancos.

Toda la historia es como una inmensa máquina de relojería, que se dirige inexorablemente al desastre. Recuerda a aquel individuo que se tiró de la azotea de un rascacielos, y se le oía decir, al pasar por cada piso: “Por ahora todo va bien, por ahora todo va bien…”. LTCM tenía un modelo de mercado perfecto, aleatorio, matemático. Pero no contó en sus previsiones con el hecho de que en tiempos de riesgo todos los inversores huyen de las operaciones arriesgadas, dejando de ser aleatorios y lanzándose en la misma dirección. Hizo falta una crisis económica mundial para tumbar a LTCM, pero estas crisis no son tan infrecuentes.

El libro está muy bien, es muy didáctico y cuenta multitud de detalles, tanto técnicos como personales de los protagonistas. EL caso LTCM levantó gran revuelo en los EE.UU. en 1998 porque parecía que el gobierno acudía a salvar a una empresa de inconscientes que habían invertido por encima de sus posibilidades. En realidad, las operaciones de LTCM eran de un volumen tal que si los EE.UU. no hubieran intervenido probablemente otros bancos se habrían ido al hoyo con ellos, creando una crisis aún mayor.

Mi nota: Muy interesante.

Categorías: Economía, Libros | Hay 8 comentarios »

5 de diciembre de 2007

 Vidrios y bordes verdes

Disculpen la aliteración en el título, pero es que venía al pelo. David nos pregunta:

Buenos días Remo :-)

Me encanta el blog por esa forma sencilla y amena de acercar la ciencia a gente curiosa como nosotros… No sé si lo que viene será una consulta CPIera pero ahí va…

Leyendo la entrada sobre retrovisores me dio por preguntarme el porqué algunos cristales se ven verdes en el canto tal y como se ve en la foto que te adjunto, pero luego de frente son transparentes.

Vidrio-verde-1.jpg

Por lo que comprobé, no se debe al reflejo del entorno, no me explico cómo sucede esto.

Un abrazo.

Luis: Respondiendo a tu pregunta acabaremos hablando de los atardeceres. Lo bonito de la ciencia es que muchas veces el mismo mecanismo sirve para explicar fenómenos muy dispares.

Ante todo, una precisión: En física y química, un cristal es un material con una estructura atómica ordenada, que se repite regularmente. La sal de mesa, NaCl (cloruro de sodio) es un ejemplo de cristal. Nuestras ventanas no son cristales, puesto que sus moléculas están ordenadas al tuntún. Son vidrios.

El vidrio es un sólido amorfo (sin estructura atómica ordenada, como acabamos de ver) compuesto en su mayor parte por sílice, que es óxido de silicio (SiO2). Básicamente, arena de playa fundida, para que nos entendamos, y enfriada muy rápidamente para que no se ordenen su moléculas mientras se enfría. El vidrio, además de la sílice, lleva en su interior óxidos metálicos que son responsables en gran parte tanto de su comportamiento ante la luz (qué colores deja pasar y cuáles no) como de sus propiedades mecánicas (resistencia al calor y a los impactos). Estos óxidos metálicos se añaden en parte para conseguir propiedades deseadas en el vidrio y en parte para abaratar y simplificar el proceso de manufacturación. El cuarzo fundido (sílice) es bastante fastidiado de manipular, hay que calentarlo un montón para fundirlo y es bastante caro. Al vidrio común se le añaden bastantes de estos compuestos:

Intervalos de composición frecuentes en los vidrios comunes
Componente Desde … % … hasta %
SiO2 (Óxido de silicio) 68,0 74,0
Al2O3 (Óxido de aluminio) 0,0 4,0
Fe2O3 (Óxido férrico) 0,0 0,45
CaO (Óxido de calcio) 9,0 14,0
MgO (Óxido de magnesio) 0,0 4,0
Na2O (Óxido de sodio) 10,0 16,0
K2O (Óxido de potasio) 0,0 4,0
SO3 (Óxido sulfúrico) 0,0 0,3

Hay muchos tipos de vidrios. Un montón. Desde el vidrio común de ventana, llamado “vidrio sódico cálcico” por ser los óxidos sódico y cálcico sus principales aditivos, pasando por el Pyrex, que tiene borosilicatos (sompuestos de silicio y boro) en su interior que hacen que resista mejor los cambios de temperatura, hasta el cristal antibalas, que no es en realidad un vidrio al uso sino que está hecho de policarbonato.

Nos vamos acercando a nuestro destino. Los responsables del color verdoso de los bordes del vidrio son los óxidos de hierro, que absorben algunos colores (los azules y rojos) y dejan pasar más los que están cerca del verde. Así, la luz del sol, que podemos suponer que es blanca para nuestro uso (no lo es, y de hecho el pico de emisión está en el amarillo-verde, pero de momento lo aparcamos), al atravesar el vidrio, pierde parte de sus componentes azul y roja y queda un poco “enverdecida”. El efecto es tenue, pero medible. En un espectro de transmisión (en la gráfica de la izquierda) del vidrio común podemos apreciar que por poquito la longitud de onda que más se transmite es la de 550 nanómetros (nm), que es precisamente nuestro color verde:

espectro vidrio.gif

“¿Estás diciendo que la luz que atraviesa una ventana queda verde? Pues yo no lo noto”, podrás decir. “Y además aún no has hablado de los bordes”. A ello vamos. La luz que atraviesa un vidrio común queda enverdecida, pero muy poquito, porque ha atravesado sólo medio centímetro de vidrio, que es un grosor estándar. Sin embargo, cuando ves la luz que viene del borde del vidrio, estás viendo luz que ha entrado por el otro borde, por lo que ha atravesado mucha más longitud de vidrio y ha ido perdiendo mucho más sus componentes azul y roja. Ésta es la explicación básica.

Y para comprobarlo, podríamos poner muchas láminas de vidrio juntas y comprobar que cuanto más vidrio atraviesa la luz, más verde se vuelve. A ello me puse, apilando unas cuantas láminas de vidrio en escalera con la ayuda de Juanjo y Miguel, compañeros del laboratorio (¡gracias!). Los resultados saltan a la vista, nunca mejor dicho; a medida que la luz va a travesando más cantidad de vidrio, más verde se va poniendo. La pared blanca tras el primer vidrio sigue pareciendo blanca, aunque podemos ir observando el cambio con claridad (clic para ampliar):

vidrio-verde-2-s.JPG

vidrio-verde-3-s.JPG

¿Y por qué la luz que sale por un borde tiene que haber entrado por el otro? Pues porque el vidrio, al ser un medio poco dispersivo, más o menos mantiene la luz en su trayectoria sin esparcirla por el interior. Si un rayo de luz entra por una cara, saldrá por la otra sin que una cantidad apreciable de luz rebote por el interior. Y si entra por un borde, seguirá hasta salir por el otro sin que una cantidad apreciable salga por las caras principales.

Por último, hablemos de los atardeceres. Hace poco enlacé a Malaciencia y su explicación del color del cielo. La luz del sol es blanca, o así la consideramos para nuestros propósitos. El aire dispersa la luz en todas direcciones, pero dispersa más la luz de alta frecuencia (azules y violetas) que la de baja frecuencia (naranjas y rojos). Cuanzo la luz del sol pasa por el cielo por encima de nuestras cabezas, el azul es más dispersado en todas direcciones y por eso vemos el cielo azul. Si miramos al sol, lo veremos menos azulado de lo que realmente es, pues el aire nos ha ido quitando la luz azul. A mediodía, cuando el sol está alto, no es sin embargo fácil de apreciar. Se ve mucho mejor cuando el Sol está bajo en el horizonte y hay mucha más capa de atmósfera entre él y nosotros. Ahí se ve que ha ido perdiendo los azules y quedan los rojos.

Aunque el mecanismo por el cual un vidrio “enverdece” la luz que lo atraviesa es la absorción y el mecanismo mediante el que el aire enrojece la luz que lo atraviesa es la dispersión (algo de absorción hay, pero menos), el resultado final es el mismo: la luz que atraviesa ambos medios sufre cambios en su color, y estos cambios son más acusados y perceptibles cuanto mayor sea el grosor de material que atraviese.

Para leer más:

1.- Wikipedia: vidrio
2.- Foro CPI: vidrio
3.- Foro CPI: ¿Por qué las botellas de vino son verdes?

Categorías: Ciencia, Ciencia en casa, Consultorio CPI, Física | Hay 40 comentarios »

3 de diciembre de 2007

 Consultorio CPI: Cocinando en altura

Luis nos pregunta:

¡Muy buenas!,

En primer lugar quería felicitaros por vuestro blog, uno de mis favoritos y en el que explicáis muy bien las cosas a la gente que es curiosa pero no de ciencias.

Mi pregunta me surgió hace tiempo, y tiempo que llevo con ella apuntada en la cabeza para planteárosla:

Imaginemos que vamos en un avión capacitado para alcanzar mucha mas altura de lo normal, a tal altura que la presión baje tanto que el agua pueda hervir a los 40 grados centígrados. Pues una vez ahí, nos da por cocinar unos macarrones. La pregunta es: ¿Necesitaría llegar a X temperatura la pasta para que se cocine o simplemente con el hecho de estar el agua hirviendo a pesar de estar “templada” es suficiente para cocinarla? O al revés, ¿ bajo mucha presión y con agua muy caliente (mas de 100 grados) pero sin hervir se cocinarían unos macarrones, o la clave es la ebullición?

Espero que os resulte interesante la pregunta, me muero por saber.

Muchas gracias, un saludo,

Luis:

El hecho de que un líquido hierva sólo significa que su presión de vapor (de la que ya hablamos en CPI: Evaporación) se ha igualado con la presión del aire exterior. La pasta no “sabe” que el líquido a su alrededor está hirviendo. Sólo “sabe” que hay agua y a qué temperatura está. Así que en realidad nos da igual cocer pasta con agua a 80 grados sin que llegue a hervir en Alicante que con agua a 80º hirviendo en las faldas del Everest.

Para lo que sigue ruego la ayuda de lectores versados en ciencia de los alimentos, por si meto la pata. Cito de mi referencia 2:

La pasta normalmente se hace de harina, huevos, sal y agua. La mayoría de la pasta se hace de semolina o de sémola de trigo duro, un tipo de harina de trigo, pero también se pueden utilizar otros cereales como maíz, arroz, quínoa, espelta, y trigo poulard o australiano. Estos cereales alternativos rinden pastas más blandas y pegajosas, pero que son una buena alternativa para la gente con alergias/intolerancias al trigo (celiaquía).

Otros tipos de pasta se hacen con el cereal de trigo integral, lo que hace que la pasta sea más oscura y más nutritiva, o de trigo con otras harinas, incluyendo harinas no procedentes de cereales, como la de soja.

Los huevos se utilizan para mejorar la calidad tecnológica de la pasta. El huevo no solamente enriquece a la pasta desde el punto de vista nutricional y organoléptico, sino que también tiene una función tecnológica, ya que el huevo hace que la masa sea elástica, blanda y resistente.

El agua se utiliza normalmente para la masa y hacer posible el moldeado. Durante la etapa de secado es cuando la mayor parte del agua se elimina. La sal se le añade por el sabor.

Cuando echamos esta pasta al agua, siempre se acabará haciendo ablandando. Da igual que el agua hierva o no, da igual su temperatura. La pasta de trigo acabará absorbiendo el agua y haciéndose ablandándose. Cuando andaba dándole vueltas a tu pregunta, se me ocurrió hacer pasta con agua que no llegar a hervir, pero directamente me fui al extremo: echar pasta en un vaso de agua del grifo y ver si se quedaba dura o absorbía el agua. El resultado después de una noche en un vaso de agua a temperatura ambiente está en el siguiente vídeo. El vídeo es un poco aburrido, pero ya que me había tomado la molestia de hacerlo pensé que por qué no compartirlo. La pasta se ablanda:

La pasta estaba demasiado blandosa como para disfrutarla, pero estaba claramente comestible [Actualización: Está blanda y comestible pero sigue estando cruda. Ver comentario 2]. O sea, que se puede “hacer” pasta sin agua hirviendo. Por tanto, estimado Luis, ni son los 100 ºC ni es el hervor. Es el agua. Obviamente, cuanto más caliente esté el agua, más rápidamente se hará la pasta (la absorción y la solubilidad suelen aumentar con la temperatura). Por eso se recomienda hervir. Y supongo que también por el asunto de la amilosa, del que hablamos ahora mismo.

También se habló en CPI hace un tiempo de por qué las galletas se ablandaban antes en leche caliente que en leche fría: Galletas que se reblandecen.

Como datos CPI adicionales, puede verse en la siguiente imagen cómo la pasta se queda con un color blanquecino que no es habitual cuando se hierve:

pasta-blanca-blanda.JPG

Este color blancuzco se debe a que de los muchísimos componentes de la semolina, hay uno, la amilosa, que se disuelve en agua hirviendo pero no en agua a temperatura ambiente. Es la responsable de ese tono blancuzco de la pasta cuando no hierve el agua y es la responsable de la leve turbidez del agua hervida cuando sacamos de ella la pasta.

En la misma imagen se aprecian las burbujas de oxígeno que desprende el agua cuando se la deja toda la noche al fresco, burbujas de las que ya hablamos en CPI: Más burbujas.

Para leer más:

1.- Semolina, en la Wikipedia
2.- Ingredientes de la pasta
3.- Ask a Scientist: Pasta

Actualización 2: Gracias a los lectores por ponerme sobre la pista. Investigando llego a una página que cuenta lo que vienen ustedes diciendo en los comentarios: hace falta una temperatura mínima para que se desnaturalice la amilosa y la pasta “se cocine”.

Los dos componentes principales de la fécula de la pasta son la amilosa, de la que ya hemos hablado, y la amilopectina.

La amilosa tiene la siguiente composición:

amylose.jpg

Y se organiza en espirales:

cartoon-amylose.jpg

La amilopectina, que es la que da consistencia a la pasta y entre cuyas moléculas querda atrapada el aguaa bsorbida, tiene esta composición:

amylopectin.jpg

Y se organiza en estructuras ramificadas:

cartoon-amylopectin.jpg

La fécula se encuentra tanto en el trigo como en el maíz y las patatas. Los porcentajes entre amilopectina y amilosa varían entre las diferentes variedades. El aspecto de la fécula de maíz es el siguiente:

corn-starch.jpg

Antes de la desnaturalización, los gránulos de fécula tienen este aspecto:

cartoon-starch-granule.jpg

Tras la desnaturalización, la amilosa sale del gránulo, como ya sabíamos, que queda con este aspecto:

burst-starch-granule.jpg

Y los diferentes gránulos forman un gel con agua en su interior:

starch-gel.jpg

La temperatura mínima para que esto ocurra ronda los 62º-70º, tal y como habían aventurado nuestros lectores. Son ustedes unos hachas.

Fuente: Starch , de CatLab.

Categorías: Ciencia, Ciencia en casa, Consultorio CPI, Física, Química | Hay 44 comentarios »

2 de diciembre de 2007

 [Libro] Night Watch (2007-37)


Título: Night Watch
Autor: Terry Pratchett
Tema: Narrativa fantástica, humor
Editorial: Harper Collins
Páginas: 422
ISBN: 978-0-06-001312-7
Idioma: Inglés

Una nueva aventura del Mundodisco. Y esta me ha encantado pero de verdad. No sé por qué siento una extraña fijación con todas las historias que tratan sobre viajes en el tiempo.

Sam Vimes, el comandante de la Guardia Nocturna de Ankh-Morpork, se encuentra de repente en el pasado, tras una pelea con un malo maloso cerca de unos campos temporales creados por los monjes del tiempo (que también tienen su libro de la serie, Thief of Time). Ha retrocedido treinta años en el tiempo. Se encuentra en una Ankh-Morpork corrupta (es decir, más corrupta todavía), regida por un loco Patricio contra el que se está gestando una rebelión. Lo malo del asunto es que Carcer, el asesino con el que se peleaba cuando sufrió el salto temporal, también está pululando por el pasado, intentando cambiarlo a su favor. De repente, Vimes se encuentra frente a una tarea hercúlea: atrapar a Carcer, enseñar a un jovencísimo Sam Vimes a ser un buen policía y cambiar el curso de una cruenta rebelión que mató a demasiadas personas buenas.

Terry Pratchett [TP], como siempre, aprovecha cualquier tema sobre el que escribe para sacar punta humorística a todos los tópicos que pilla por el camino. Es una de las cosas que más me gustan de él. Cuando Vimes discute con los monjes para ver cómo demonios van a devolverle a su presente:

–He estado cambiando el pasado. ¿Por qué no debería hacerlo? ¡Carcer lo está haciendo! ¡No tengo ni idea de cómo van a salir las cosas! Quiero decir, ¿No se supone que el simple acto de pisar una hormiga puede cambiar los acontecimientos futuros?
–Para la hormiga, desde luego.

El meollo central del libro es la revuelta de las lilas, con la que comienza el libro y con la que termina, cerrando perfectamente la historia. TP hace humor de cualquier cosa. Cuando los ciudadanos empiezan a poner barricadas en la ciudad para impedir el paso del ejército en sus barrios, se emocionan tanto que acaban barricando la ciudad casi al completo, dejando a mucha más gente dentro que fuera. Surgen las dudas sobre quién debe impedir el paso a quién.

TP, como siempre, saca la pluma (el teclado, más bien) a pasear, en breves frases y diálogos repartidos por todo el libro.

Cuando era un niño, [Vimes] había leído libros sobre las grandes campañas militares, había visitado los museos y había contemplado con orgullo patrio los cuadros de heroicas cargas de caballería, de defensas hasta la muerte de bastiones y de gloriosas victorias. Cuando más adelante comenzó de verdad a participar en acontecimientos de este tipo, le impactó bastante el hecho de que los pintores, incomprensiblemente, habían olvidado pintar los intestinos. A lo mejor no se les daba bien dibujarlos.

(En mitad de una pelea)
–¡Podréis quitarnos la vida! ¡Pero nunca nos arrebataréis la libertaaaaaad! [minuto 2:30]
Carcer y sus hombres se miraron, desconcertados por lo que podría ser sin duda el peor grito de guerra de la historia del universo.

Hace unas semanas comentábamos aquí el libro de Stephen Hawking [SH] El Universo en una cáscara de nuez. En el libro hay una parte dedicada a la posibilidad física de viajar en el tiempo. En física, un viaje en el tiempo se denomina “una curva espaciotemporal cerrada”, quizás, según SH, para que los gobiernos no se enteren de lo que están hablando y no les quiten las subvenciones a los físicos que “malgastan” su tiempo investigando estas cosas.

SH sostiene que el viaje en el tiempo es posible, al menos según las leyes de la física. Otra cosa es que nuestra ingeniería sea capaz de afrontarlo. Pero todos sabemos que el viaje al pasado tiene sus complicaciones: ¿Y si viajo al pasado y mato a mi abuelo antes de que engendre a mi madre? Yo nunca habría nacido, con lo que no habría podido ir al pasado, con lo que no le habría podido matar… La visión de SH es que hay una especie de “censura cósmica” que impide que al viajar al pasado consigamos cambiarlo. A lo mejor viajo pero se me encasquilla la pistola con la que pretendo matar a mi abuelo. O a lo mejor mi abuelo no era en realidad mi abuelo, sino sólo el marido de mi abuela, la muy pillina, y al matarlo no estoy matando al verdadero padre de mi madre… El caso es que SH sostiene que “la Historia seguirá su camino”, hagamos lo que hagamos por evitarlo.

TP se apunta en esta novela a la misma tesis. Cuando Vimes aterriza en el pasado, lleva un parche en el ojo por un percance anterior y una cerrada barba. Casualmente, se parece bastante a John Keel, quien fue su mentor cuando él era jovencito. El verdadero John Keel, sin embargo, tiene la mala suerte de encontrarse con Carcer recién llegado al pasado, y muere, cosa que no habría ocurrido sin el viaje al pasado de Carcer y Vimes. Así que Vimes se hace pasar por John Keel. De este modo, el jovencito Sam Vimes vuelve a tener a su mentor, John Keel, sin saber que es él mismo quien le está enseñando los rudimentos del trabajo policial. La Historia sigue su curso a pesar de que se intente cambiar. Hay unas cuantas de éstas repartidas por el libro, creo que todas ellas bien resueltas.

En esta novela conocemos las juventudes de todos los miembros habituales de las novelas de la guardia, incluido el joven Vetinari, actual Patricio de Ankh-Morpork. Es una novela recomendable para los que ya conocen a la Guardia, porque si es la primera que se lee se pasarán multitud de cosas por alto.

Mi opinión: Muy buena.

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