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Archivo de octubre de 2005

31 de octubre de 2005

 La forma de una patata frita

Hoy CPI patrocina un problema gastronómico-ingenieril. Estamos muy acostumbrados a las patatas fritas (las de bolsa, tipo Pringles o Lay’s). Seguro que todos las hemos comido alguna vez. Pero, ¿sabrían nuestros lectores decirnos qué forma tiene una patata frita y por qué? Háganse una imagen mental en la cabeza: lo que está claro es que no son planas. ¿Pero, y su forma?

Pues bien. CPI, en un nuevo ataque de servicio público, explica algo que todos hemos visto miles de veces sin pararnos a pensar en su origen. Resulta que la forma de una patata frita es un paraboloide hiperbólico, es decir, una silla de montar. Cojan una patata frita y obsérvenla en su mano, como si fueran Hamlet con su calavera. Una silla de montar, ¿lo ven?.

silla_de_montar.gif.jpg

Paraboloide hiperbólico. Nótese su parecido con una patata frita y /o con una silla de montar.

JC_Saddle_front.jpgJC_Saddle_left.jpg

Silla de montar. Si la observamos de frente, las “patitas” de la curva que forma se curvan hacia abajo (concavidad negativa). Si la observamos de lado, la concavidad es positiva (se curva hacia arriba). Igual que una patata frita, vaya.

Patata_frita.jpg

Patata frita, con forma de silla de montar, aka Paraboloide hiperbólico.

Y ahora viene la pregunta del millón… ¿Por qué es esto así? Pues porque el paraboloide hiperbólico es la estructura bidimensional que mejor resiste los esfuerzos de presión-tensión. Ya saben, la naturaleza es vaga y los sistemas físicos tienden siempre a su estado de mínima energía. La forma de paraboloide hiperbólico minimiza la deformación de la patata cuando, debido a los cambios de temperatura en la sartén, sufre esfuerzos de presión-tensión. Impresionante, ¿no?

Esta historieta merece una introducción histórica. En primero de carrera, en mi primer examen de febrero, de análisis matemático (¡ojo! no física ni química, sino matemáticas), cayó este mismo problema. Cuando hacemos rodajas una patata y la tiramos al aceite, cada rodaja es plana. Cuando la sacamos, ya no es plana. SIN utilizar argumentos físicos ni químicos había que dar el motivo. Nadie resolvió el problema, y eso que éramos más de 300 en clase. El profesor, con mucha fama -bien ganada- de duro, no publicaba las respuestas a los exámenes. Nos quedamos todos sin saber el porqué de la forma de las patatas fritas ( ni siquiera la forma, es difícil verlo si no te lo han explicado antes). Este escribidor que les incordia estuvo meses buscando la respuesta a la pregunta en los ratos libres, de libro en libro en la biblioteca, sin éxito. Y ahora, como en las películas:

Cuatro años después…

Me hallaba yo leyendo un libro sobre la arquitectura de Gaudí, en quinto de carrera, cuando de repente se iluminó el cielo y unos lagrangianos con trompetas bajaron haciendo sonar la fanfarria de la iluminación espiritual. El libro lo decía bien claro:

Gaudí hacía uso extensivo del paraboloide hiperbólico para sus cúpulas y techos. El motivo es que esta estructura bidimensional es óptima para resistir los esfuerzos de presión-tensión, por lo que de forma barata pueden obtenerse techados con gran resistencia de carga…

Me quedé quieto, extásico, maravillado. Pasaron minutos. ¡Por fin, cuatro años después, sabía la respuesta al maldito problema de la condenada patata frita! Esa sensación de descubrimiento, de ver cómo las piezas del Universo encajan con un gran ¡clic!, de modo que todo cobra sentido de nuevo, estoy seguro de que esa sensación es la que ha impulsado a los científicos durante siglos. Y eso que yo no había descubierto nada, lo había leído. Imagínense si llego a descubrirlo. Habría salido de la bañera en pelotas a la calle gritando !Eureka!, ¡Eureka! (bueno, en eso tampoco habría sido yo el primero).

Así que ya saben, estimados lectores. La próxima vez que en un bar haya un bol de patatas fritas y estén con los amigos, tomen una patata delicadamente, miren al público con ojillos de conocimiento, y explíquenles esta historia. Si consiguen colar la frase “Así que ya lo sabéis: el techo de la cripta de la Sagrada Familia es una patata frita”, tendrán éxito asegurado. De nada.

Categorías: Física, Matemáticas, Personal | Hay 47 comentarios »

 El juego de los telescopios


Los telescopios son capaces de empujar y succionar la bola. El objetivo es introducir la bola gris en el hoyo negro combinando la acción de varios telescopios.

Es entretenido, de pura lógica, y con niveles de dificultad creciente.

Además es un buen ejemplo de adver-gaming, mitad anuncio (advertisement) mitad juego (game). Aunque es necesario superar 15 niveles para adivinar de que se trata el producto. Yo nunca lo hubiera dicho a priori.

Nota 1: Os enlazo a la versión inglesa, ya que la versión en castellano no funcionaba.
Nota 2: No sé si es la mejor idea publicar un juego el lunes a primera hora de la mañana, pero si estás leyendo CPI tampoco estás trabajando, así que…

Categorías: Flash, Juegos | Hay 8 comentarios »

30 de octubre de 2005

 [Libro] La punta de la lengua (2005-30)



La punta de la lengua
Álex Grijelmo
Ed. Santillana
327 páginas

Me encantan los libros sobre dudas del lenguaje. La etimología de las palabras, su historia y diferentes usos a lo largo de los tiempos me fascinan. Y Álex Grijelmo [AG] es un perfecto narrador para estas historias. En este libro AG ha recopilado muchos articulillos sueltos sobre los más variados vocablos y expresiones. AG escribe muy bien y domina el idioma, eso no hay quien lo dude. Sin embargo, este libro no esta escrito “para algo”, sino “contra algo”. Y ese algo es la RAE. Página tras página -y en mi opinión con toda la razón casi siempre- critica la política de inclusión de neologismos y expresiones de la Real Ademia en el Diccionario. Hay más de treinta palos a la RAE repartidos por el libro. Supongo que AG se quedó a gusto. Luego, cuando no despieza a los académicos, divaga y ramonea por los vericuetos de la Lengua de una forma muy amena e instructiva. Intenta hacer un chistecillo al final de cada entrada, chistecillos no muy logrados la mayoría de las veces, pero se le puede perdonar. Con este libro el lector aprende. Y aprende mucho. No sólo sobre lengua, sino sobre la filosofía de la lengua, que es algo de cuya existencia no todo el mundo sospecha. Mi nota: Altamente recomendable.

Categorías: Lenguaje, Libros | Hay 2 comentarios »

29 de octubre de 2005

 Saramago vs. Pratchett

Leo en Reuters (uno tiene gustos raros, pero hay un motivo que espero poder explicarles en breve a mis lectores) que José Saramago ha escrito una novela en la que la Muerte se declara en huelga. En palabras del autor:

La historia describe a la Muerte como a una mujer que se declara en huelga porque está harta de ser odiada por la gente. El caos se desata. Los hospitales se llenan, las personas envejecen sin morir y el sistema de pensiones se sobrecarga. En poco tiempo, la Iglesia comienza una campaña para que la Muerte regrese.

¡Vaya! En el último libro que leí de Pratchett (lo comentaré la semana que viene), a la Muerte le comunican que ha sido despedida; la gente deja de morir. El mundo se llena de no-muertos y, efectivamente, comienza a cundir el caos. Pero estoy seguro de que el libro de Pratchett es más divertido. Un nuevo ejemplo de tramatomía comparada en CPI…

Categorías: Libros | Hay 6 comentarios »

 [Libro] Monkey Business (2005-29)

En los últimos días hemos “sufrido” un aluvión de nuevos visitantes, gracias sobre todo a Kirai y a los foros de Media vida. Sepan nuestros nuevos lectores (¡Quédense! ¡No se vayan!) que los fines de semana hay crítica de libros en CPI (además de otras cosas si se tercian, pero sobre todo crítica literaria).



Monkey Business
John Rolfe y Peter Troob
Editorial Warner Books
273 páginas

Este libro narra la historia de dos junior associate bankers (= esclavos) de la empresa DLJ (Donaldson, Lufkin & Jenrette). Cuando salieron de su MBA en Stanford Wharton y Harvard (¡cuidado, Raquel!) y fueron contratados por una de los mejores bancos de inversión, nuestros protagonistas creían que se iban a comer el mundo. El sueldo medio para el primer año en una empresa de Wall Street es de seis cifras (sin contar los decimales). Pero descubrieron que la realidad es siempre mucho peor de lo que la imaginamos. En el libro se relatan historias de terror sin fin acerca de los métodos de trabajo de los bancos, de las horas que hay que echarle, de cómo nadie valora tu trabajo aunque te paguen cientos de miles de dólares al año por él, y de cómo casi nadie puede soportarlo y acaban dejando la empresa. A mi me sorprendía bastante que alguien quisiera dejar un trabajo en el que gana cuatrocientos mil euros al año sólo porque “hay que trabajar mucho y luego nadie te lo agradece”. Conozco trabajos así por quince mil euros al año.

Luego ves que, en realidad, son muchos los factores que hacen que la vida media de un asociado en una empresa de Wall Street no llegue a los dos años. Cito un pasaje:

La mayoría de la gente tiene jornadas de trabajo que pueden dividirse en dos partes: antes de comer y después de comer. Antes de comer se hace gran parte del trabajo duro del día, y cuando vuelves de comer sabes que, aunque tengas trabajo, lo que te queda antes de irte a casa será coser y cantar. Nosotros, en cambio, teníamos una jornada que podía dividirse en antes de comer, después de comer, antes de cenar, después de cenar, antes de la media noche y después de la media noche. Todos los días del año. Incluidos muchos fines de semana. Y era imposible dormir desde dos noches antes de la entrega de una oferta. Siempre llegabas a las reuniones como un zombi, tras haber estado las últimas 48 horas trabajando.

A lo anterior se suma que, por ejemplo, a Troob le anularon tres veces las vacaciones cuando ya iba camino del aeropuerto con 15 días de vacaciones en Grecia por delante. Estuvo a punto de costarle el matrimonio. Los vicepresidentes y los asociados senior eran todos divorciados, muchos de ellos alcohólicos, sin tiempo libre, que vivían por y para el trabajo, sin tener una vida propia fuera de él. Rolfe, que es normalmente quien narra la historia, repite constantemente “no quiero ser así dentro de 10 años, no quiero ser así dentro de 10 años”, cada vez que narra una anécdota relacionada con los que llevan más tiempo en la empresa.

El libro es entretenido, y el lector se siente muy identificado con los protagonistas. No está mal escrito y acaba uno creyendo al menos que sabe más sobre el funcionamiento de los bancos de inversión. Al principio del libro hay una cita que me encantó (y que pongo porque se le puede aplicar a CPI, aunque, obviamente, estemos en desacuerdo con ella):

Nunca he comprendido cómo dos personas pueden escribir un libro juntas; para mí es lo mismo que tres personas intentando tener un hijo.

Evelyn Waugh

Mi nota: Muy entretenido.

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