Cuenta atrás
5, 4, 3, 2, 1…
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31 de agosto de 2005
11 de agosto de 2005
Un añito ya…Escribo sólo unas breves líneas para autofelicitar a CPI, que hoy cumple un año. Tengo un post CPI sobre cumpleaños gestándose, pero tendrá que esperar. Ya habrá tiempo cuando empiece el nuevo curso. 21000 visitas han pasado por mi humilde morada en un año y, para mi solaz y regocijo, a muchos les ha gustado lo que han visto. Pues ¡no se vayan todavía, aún hay más! (® Super-Ratón).
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7 de agosto de 2005
¡Vacaciones! ¿Vacaciones?Estmados lectores, CPI dejará de estar tan activo durante unos días. El motivo no son las vacaciones del autor, que no disfrutará hasta octubre, sino una serie de trabajos relacionados con la tesis doctoral que tengo que terminar sin falta. Llevamos más de un mes actualizando a diario, y vamos a levantar el pie del acelerador. El 1 de septiembre estaremos de nuevo con todos ustedes a toda máquina, a toda vela, a todo trapo, a todo gas o a toda leche, dependiendo del medio de locomoción que prefieran los lectores. Quizás haya alguna comunicación esporádica hasta entonces. Y el 1 de septiembre empezará nuestra nueva sección, de nombre aún indeciso, pero que molará mucho (espero).
Disfruten de las vacaciones ¡¡¡y no se olviden de visitarnos el 1 de septiembre!!!
CPI Managing Team (usea, yo).
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Las malas lenguas……dicen que Windows VISTA=V(irus)+I(nfecciones)+S(pyware)+T(royanos)+A(dware)
Pero eso son las malas lenguas… Windows nunca ha sufrido nada de eso
vía Kriptópolis
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6 de agosto de 2005
Las burbujas de la CocacolaHoy, CPI patrocina una solución para los problemas de sus lectores. CPI se ha levantado esta mañana con vocación de servicio público. Y eso no ocurre tan a menudo, así que ¡aprovéchense!

Seguro que la mayoría de mis escasos pero inmerecidos lectores han sufrido más de una vez el letal y pringoso ataque de espuma de una lata de Cocacola agitada inmisericordemente por una máquina expendedora con malas pulgas. Muchas veces es posible adivinar, antes de abrir la lata, que el contenido está levemente revuelto. Por ejemplo, cuando el sonido de la lata supera los 100 decibelios a 10 metros, y podemos sentir en nuestros higadillos cada golpe a medida que la lata va siendo vapuleada en las entrañas de la máquina:

Sabemos que, en estos casos, NO debemos abrir la lata inmediatamente, sino esperar a que poco a poco el líquido “se asiente”. Esto es especialmente doloroso en los días de calor y sed. Miramos la lata y pensamos “tan cerca, tan lejos…”
Pues bien. Sepan mis sufridos lectores que el ataque de espuma de una lata agitada está bien estudiado por la física. Una cocacola es, a los efectos que nos interesan, un líquido con un gas (anhídrido carbónico, o CO2) disuelto en él. Los gases tienen una solubilidad en los líquidos, es decir, para un gas y un líquido dados, hay una máxima cantidad de gas que podemos disolver en el líquido. Esta solubilidad disminuye, por ejemplo, si aumentamos la temperatura o, como en este caso, si agitamos la disolución. Cuando la lata recibe la paliza parte del gas deja de estar disuelto, y se forman multitud de burbujas, que quedan adheridas al fondo y paredes de la lata. Al abrir la lata, la diferencia de presión entre el interior (alta presión) y el exterior (baja presión) hará que las burbujas asciendan a la superficie, arrastrando el líquido y formando toda la espuma que saldrá de la lata. Para evitarlo, estimados lectores, hay que dar pequeños golpes con los dedos (lo que en España llamamos “tobas”, igual que los golpes que le damos a nuestros hermanos pequeños en las orejas) a lo largo de las paredes de la lata. Así, desprenderemos las burbujas de las paredes, haciendo que asciendan hasta la parte de arriba de la lata. Y al abrirla, el gas escapará, pero no arrastrará consigo al líquido, y no se formará tanta espuma. ¡Y ya está!
Actualización: El segundo factor implicado en la desaparición de las burbujas es el tiempo. Si esperamos un rato, las burbujas se irán volviendo a disolver en el líquido, por lo que al abrir la lata no tendremos una sorpresa. Darle unas vueltas a la lata mientras vamos desprendiendo burbujas hace que la abramos más tarde, por lo que contribuye doblemente a evitar salpicaduras.
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