Encuesta del MIT sobre Blogs
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30 de junio de 2005
29 de junio de 2005
PalíndromosLos palíndromos, estimados lectores, son frases que leídas de izquierda a derecha dicen lo mismo que leídas de derecha a izquierda. Lo que diríamos palabras capicúas, vaya. Un caramelo palíndromo es, por ejemplo, nuestro querido sugus. Desde pequeño me han llamado la atención estas frases; me gustaría poner aquí unas cuantas, para goce y disfrute del personal. Allá van:
Anilina
Atar a la rata
Onís es asesino
Amo la paloma
Aman a Panamá
Sé verla al revés
Acá sólo Tito los saca
Odio la luz azul al oído
Adán no calla con nada
Etna da luz azul a Dante
Adán y raza, azar y nada
Dábale arroz a la zorra el abad
Átale, demoníaco Caín, o me delata (éste es de Cortázar, o al menos lo leí en un libro suyo)
Adán no cede con Eva y Yavé no cede con nada
Anita, la gorda lagartona, no traga la droga latina
Hay muchos palíndromos más, en todos los idiomas. El más famoso en inglés, al menos en los USA, es A man, a plan, a canal: Panama! De este palíndromo se han dicho muchas cosas, incluso que fue el eslogan de Teddy Roosevelt en las elecciones de 1904, donde era un tema polémico la construcción del canal. Pero se lo inventó un tal Leigh Mercer en los años 50. Para este palíndromo hay además una versión feminista: A woman, a plan, a canal: Panamowa!, que salió como chiste en el diario New Yorker.
Más desafío aún suponen los palíndromos bilingües, que deben ser frases que signifiquen dos cosas en dos idiomas al leerlas en ambos sentidos. Uno que tengo por aquí es en catalán/español: Amor beneït a la base - Esa bala tiene broma, de Toni Guillamon.
Georges Perec, un magnífico escritor y una de las razones por las que quiero aprender francés, tiene un relato completo palíndrómico, de 5000 letras. El récord del mundo, sin embargo, lo tiene Lawrence Levine, con una novela entera palindrómica de 31594 palabras. Todos los personajes de la novela tienen nombres palindrómicos: Red N. Axel Alexander, Otto I. Giotto, Lear S. Israel, Toilet Eliot…
Pero los palíndromos no se han quedado recluidos en la literatura, sino que han saltado a la música. El propio Johann Sebastian Mastropiero, digo, Bach, tiene una obra, titulada “El canon del cangrejo“, a dos voces, en la que la segunda voz no es más que la primera, pero tocada marcha atrás. Puede apreciarse en la imagen de la partitura:

Y si uno la oye, hasta es bonita:
Actualización (30 - jun - 2005): Además de poner más palíndromos en los comentarios, me envía una amable lectora (¡Gracias, Paloma!) un palíndromo más elaborado:
En latín también se conoce el palíndromo Sator Arepo tenet opera rotas, que tiene la particularidad de que puede escribirse como un cuadrado que se puede leer tanto horizontal como verticalmente:
Algunos sugieren que las letras de este cuadrado se puede reordenar para que se lea “paternoster” dos veces y quedaría A y O (alfa y omega). Es decir, que podría tratarse de una oración cristiana.
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28 de junio de 2005
SerendipiaNo. La serendipia no es eso que dice Íker Jiménez de “es un algo pseudomisterioso que no resiste el primer análisis serio y a mí me sirve para sacarme una perras”. La serendipia, estimados lectores, se define como el “arte de realizar un descubrimiento (actualización: descubrimiento científico) gracias a algún suceso accidental”. Al menos, es la definición que a mi más me gusta. La palabra deriva del inglés “serendipity”, que a su vez la toma de un relato persa sobre los tres príncipes de Serendip, una historia sobre tres hermanos que viajan por el mundo haciendo extraordinarios descubrimientos accidentales. Serendip, dicho sea de paso, es el nombre antiguo de lo que fue Ceilán y es ahora Sri Lanka.
En la historia de la Ciencia ha habido multitud de descubrimientos por serendipia. Uno de los más famosos es el de Alexander Fleming, famoso entre otras cosas por ser un guarro que te pasas. Y gracias a eso (y a una mente sagaz) descubrió la penicilina: el señor Fleming se fue de vacaciones, dejando muchas probetas y platos de Petri sin lavar en el fregadero. Estos platos contenían estafilococos (un tipo de bacterias) que Fleming estaba empleando en otras investigaciones. Al regreso, descubrió que el moho que se había formado en los platos inhibía el crecimiento de las colonias de estafilococos. Y se puso a cultivar y purificar el moho, dando origen a la penicilina. Su descubrimiento se considera el más importante avance médico del s. XX, pues dio lugar a la era de los antibióticos.
Otra famosa serendipia le ocurrió a Charles Goodyear, inventor del caucho para neumáticos. El caucho en origen se volvía quebradizo con el frío y viscoso con el calor, haciendo imposible su uso en los neumáticos, pero Goodyear estaba convencido de que podía modificarlo para hacerlo más resistente a los cambios de temperatura. Con tanto afán y tan poco éxito se dedicó a sus investigaciones que su mujer terminó prohibiéndole que investigara más sobre el caucho, por el bien de la economía familiar y la salud mental de Charles. Pero él siguió investigando, a escondidas. Era un cauchópata. Un día que estaba en casa experimentando con caucho y compuestos de azufre, apareció su mujer antes de lo previsto. Goodyear escondió rápidamente su muestra en el primer sitio que encontró, el horno encendido. Cuando pudo sacarlo, descubrió que la cocción había endurecido el caucho hasta hacerlo útil para su uso en neumáticos. Pero al pobre Goodyear no le empezaron a ir bien las cosas. Su patente no fue respetada por nadie, todos le copiaron el método y él no pudo sacar beneficios de su descubrimiento.
Y ahora veamos un ejemplo de antiserendipia, que consiste en no descubrir nada aunque lo tengas delante de las narices. Sabemos que Newton formuló su teoría óptica cuando vio que un rayo de luz solar atravesaba un prisma y se “dividía” en los colores del arco iris. Newton supuso que el ojo humano veía la mezcla de todos los colores como blanco y que la luz estaba en realidad formada por todos los colores. Unos años antes hubo un tipo (lamentablemente, su nombre no acude a mi memoria) que vio lo mismo que Newton. Pero en vez de ponerse a pensar sobre la naturaleza de la luz, escribió un poema sobre un cáliz de cristal que formaba un bello arco iris sobre una pared cuando un rayo de luz que entraba por la ventana lo atravesaba. Y la ventana, el cáliz, el altar y la pared se ponían a discutir sobre quién era el responsable de tanta belleza, la ventana por dejar pasar la luz, el cáliz por formar los colores, el altar por sostener al cáliz, la pared por permitir que se vieran… Galgos o podencos, vaya.
Para los lectores interesados en la serendipia, hay un libro, recién reeditado, que habla sobre el tema. El libro tiene dos fallos gordos. Primero, está escrito por un químico. Esto no es necesariamente un fallo, pero lo que sí que lo es es que el 95% de las anécdotas relatadas son sobre químicos. Segundo, tiene el honor de ser el libro peor traducido de la historia (en mi ránking particular). Ya con 15 años escribí una carta furibunda a Alianza Editorial por la pésima traducción del libro. Sí, qué pasa, yo fui un geek precoz.
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27 de junio de 2005
Encuentre los parecidosEn Nueva York nos alojamos en el hotel Paramount, justo en Times Square (en la 46 con Broadway, por si algún lector tiene un mapa y ganas). El Paramount es un hotel “chic”, con un montón de pijadas y cosas de diseño, algunas de mejor gusto, otras no. En los cabeceros de las camas hay cuadros de pintores de la escuela holandesa y, cómo no, a mi me tocó “el astrónomo”, de Vermeer. La verdad es que de todos los cuadros que tienen en los cabeceros (lo pregunté en recepción), éste es mi favorito.


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18 de junio de 2005
Paranoia made in BushlandTras el 11 de septiembre es comprensible que el grado de paranoia haya subido varios puntos en el país que primero te llama y luego te asusta (E-E-U-U). Pero no dejan de llamar la atención los carteles que hay en una de cada tres papeleras en Nueva York, por ejemplo. “Si ves algo, di algo. Sospecha de cualquier objeto abandonado”. La verdad es que la primera vez que ves uno de estos impresiona, pero cuando llevas varias decenas ya lo ves como algo normal. Lo que no me acaba de convencer es descalzarme cada vez que cojo un avión (y cogimos 8 ) ((y tomamos 8, para nuestros lectores argentinos y uruguayos)).

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